sábado, 11 de agosto de 2018

DESPEDIDAS

Ayer por la tarde vino Carmen Botet preguntándo por la lluvia de San Lorenzo y Aras de los Olmos. Me vió tan hecha polvo que me regaló un búho disecado que llevaba en el coche. Eso solo lo hace una mujer que aprecia a otra mujer. Este mediodía he ido a la playa de Almardá a comer con Luchi y Emèrit Bono. Hemos comido un couscous de cordero buenísimo encargado en el restaurante Ruiz y hemos hablado de libros. El cura quiere sacar uno sobre la transición democrática teniendo como eje la figura del catedrático emérito, nunca mejor dicho. Me ha pedido que escriba una semblanza sobre el ex-conseller y los años de trabajo que pasé a su lado.
El mar estaba revuelto, olía mucho a ozono y mientras paseamos y charlamos hay una calma en el aire, que ya parece otoño.
A las cinco debería estar en Sedaví, pero tengo tantas ganas de estar con ellos, que anulo la cita y me quedo hasta las siete.
Solo me faltan tres días y un montón de cosas por hacer. Y me acuerdo de las palabras que me dijo el caballero que estos días regatea por aguas de Cerdeña y Sicilia. Lo peor es superar el apego, ¿verdad? Si, superar el apego a las cosas que hacíamos juntos, a los sitios en que nos gustaba estar hablando, apego al sexo con él, a nuestros gustos y perversiones después de tantos años de intimidad en la cama. Apego a los amigos comunes, apego a las discusiones, pero también a compartir nuestros códigos. Lo mejor para superarlo, es que te apasiones con algo. Si, pues será con las calles de Nueva York. Preparaos, aceras y asfalto que vuestra reina llegará pronto.
Y el caballero añadió lo más bonito que me han dicho en los últimos meses: Hay que estar gil para dejar a una mujer como tú.



Me despido de Luchi y Emèrit con la promesa de volvernos a encontrar en septiembre y seguir hablando de las investigaciones en economía que lleva mi amigo entremanos.

Desde Francia me escribe una alumna de Primero de la Eso. Hola, soy Aitana-García Pérez y esta carta va dirigida a Maria Dolors , mi profesora de francés del Instituto José Rodrigo Botet-Manises. Te echo mucho de menos, no te olvidaré nunca y espero que tú tampoco me olvides. Te escribo desde Francia como prometí. Estoy aprendiendo mucho con mis amigos y es muy divertido. El año que viene espero que estés y para que te pueda contar con más detalle cómo me ha ido. Te quiero.
P.D. Luis no te echa de menos.
Ja, ja, ja. Qué bonicos son. No, Aitana, nos tenemos que despedir, el año que viene ya no estaré ni con vosotros ni con mis compañeros. Me esperan en Requena. Es triste despedirse de las personas que acabas  de conocer, dijo un personaje de Oscar Wilde en La importancia de llamarse Ernesto. Pero estoy segura de que en  el camino, nos encontraremos. Porque me apasionaré con la enseñanza los próximos años.


También desde Francia, me escribe mi amiga Sonia Lefèvre. Se ha enterado por mi blog de mi divorcio y de mi viaje a Nueva York. Se acuerda de la semana que pasó aquí con nosotros y me desea suerte. Se despide diciéndome que me seguirá a través del blog y me pregunta qué pienso hacer en EE.UU. Terminar de pasar el duelo. Superar el apego, volver a ser yo sin este punto de tristeza que me persigue.
El psiquiatra dijo que los matrimonios se acaban por falta de sexo y por aburrimiento. No fue en nuestro caso. Había pólvora que no se mojó y apareció ella a prender la mecha.

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