miércoles, 30 de mayo de 2018

EL LENGUAJE SECRETO DE LOS WATSHAPS

Se dió cuenta  de que había un lenguaje cifrado en aquellos mensajes. Ella misma los estaba emitiendo. Querías decirle algo a una persona a la que no habías visto en treinta años y era tan fácil la cercanía que proporcionaba el watshap.
O te querías marchar para siempre de su vida y lo hacías con ese mensaje.
Claro, como la canción de Melendi. Despedirse por watshap. O reflexionar con cualquiera acerca de
su conducta. 
Envíale un watshap.
Así que decidió, a partir de entonces, tener tan solo relaciones por watshap..
Que había que echarle una bronca al marido, por el was.
Que había que retomar una relación, por el was.
Que había que recuperar una antigua amistad, por el was.
Que había que volverse a enamorar...
Por el was, solo por el watshap.











martes, 10 de abril de 2018

DESPUÉS DEL AMOR

 
Ya no está en mi vida. El posesivo nuestro, el  tiempo verbal conjugado en la  primera  persona del plural, ha desaparecido de mi vocabulario. El dolor  no es solo psicológico, también físico. Es un dolor peor que el que produce el duelo, la ausencia por la  muerte. Porque sigue vivo y seguramente su traición y deslealtad la está viviendo con satisfacción, como un logro que lo acerca a  la felicidad. Lo bello y lo siniestro, según te toque una  orilla  u otra.
No era una desconocida, esa es la tragedia, que no era una desconocida, sino alguien cercano. Una chica que conocíamos hace más de veinte años. Una  chica de altos valores, a quien creía incapaz de hacerme daño. Pero  todos tenemos un lado oscuro, incluso aunque no lo sepamos. Y yo a  ella se lo había  visto un par de  veces, pero me confié y la  llamé. Le dí  trabajo. A pesar de  la incomodidad de tener que  hacer veinte kilómetros para traerla y llevarla a  La Matandeta. Uno de sus  miedos  es el carnet de conducir. Otro volar. Robar maridos, no se encuentra entre ellos. Pero  eso lo averigüé demasiado tarde. 
Nos reíamos juntas, le contaba muchas cosas. La  quería. Por eso tardé tanto en ver la  evidencia. Por eso viví aquí y allí engañada, traicionada por los dos. 
Ahora, están juntos. Quién sabe qué nos traerá  a  todos el tiempo. Cuando ya nada importe.
Un señor  a punto de cumplir los setenta. Invadido por sus miedos y sus frustraciones. Con una enfermedad crónica amenazante. 
Una  mujer, ya de mediana edad, con cuarenta y cinco años, que nunca antes había  sido amada. Que no conocía la  plenitud  ni del sexo ni del amor. Alguien que  huye y alguien que teme perder el último tren para conocer algo  de la vida. La verdad de  la  vida.
Qué hay después del amor? Quizás, más  amor.

domingo, 25 de marzo de 2018

A LOS CHICOS Y CHICAS DEL RODRIGO BOTET



                                                                        "¿Qué camino tomaré?
                                                                         Le preguntó Alicia al gato de Chershire.
                                                                         Eso depende de adonde quieras ir.
                                                                         A cualquier parte, con tal de salir de aqui.
                                                                         Pues entonces, es bien fácil.
                                                                         Se trata de que camines lo suficiente"                                                             

                                                                                                        Alicia a través del espejo.
                                                                                                                  Lewis Carroll
                                                                                             


Estudié el grado de Lenguas Modernas, especialidad en francés,  por indicación del gato de Chershire. La vida, las circunstancias o  mi mala cabeza me habían llevado por donde yo no quería ir. El amor es una trampa. La peor de todas.Así que para salir del bosque hice lo que mejor sé hacer en la vida: estudiar, escribir, leer libros... Volver a la Universidad no sé trató de una instrumentalización, sino de un fin en sí mismo.Así que cuando la gente me preguntaba para qué estudiaba tanto, yo no sabía qué responder. 
El año pasado estuve en Fontanars. Montaña arriba, montaña abajo. La gente de esa zona es encantadora, me trataron muy bien. Pero la cosa, vista con distancia, parece que ya no tenía remedio y yo me equivoqué.
Este otoño volví a Valencia a cursar el máster en Dirección y Planificación en Turismo. Pero se me ocurrió preguntar por  la bolsa  de profesores de francés de la consellería y a los tres días estaba trabajando. 
Ciento veinticuatro alumnos desde primero de la ESO hasta primero de bachillerato. Este fue el primer grupo que conocí. Como no sabía qué decirles, les conté mi vida. Marta se quedó con la boca abierta. Aquella mujer de mediana edad les contaba su secreto: Nunca había dado una clase. A partir de ahí les pedí que asociaran una palabra con Francia y la lengua francesa. Y la clase fue saliendo ella sola. Cuando sonó la campana todavía estábamos hablando.
Yo seguía con mi conflicto personal, pero llegaba a las clases, cerraba la puerta y todos mis problemas quedaban fuera. Con hacerlos callar y que atendieran al passé composé, ya tenía bastante.
Enseñar a un niño es agradecido, pero enseñar a los adolescentes es todo un reto. Te los tienes que ganar. Así que fui creando mis propios clichés: Aceptamos pulpo como animal de compañía.Ja estem, que l'abuela fuma. Los puse a trabajar y les hablé de muchas cosas que no tenían tanto que ver con el francés, sino con la vida.
En Navidades, Adam quería hacer adornos para el árbol. Pero si tu eres musulmán. Y qué, también como carne de cerdo y mi madre no lo sabe. Joaquín me contaba en sus redacciones cómo habían sido las fiestas de final de año en las chabolas de plástico y madera en las que vive su familia portuguesa. Los epaté cuando llegó el día contra la violencia de género con las canciones y la tragedia personal de la cantante francesa Bárbara.
Mientras tanto, al relato  que me estaban contando le faltaba un elemento importante. Es como una buena receta de cocina, no tienes que olvidar ninguno de los ingredientes o el comensal más exigente te pillará en un renunció. Lo descubrí la madrugada del 23-F. Lo tenía delante de los ojos y había sido incapaz de verlo.
Ese día en clase, a un desafortunado comentario de Eva, perdí el control. Vino la madre preocupada a hablar conmigo y me entendió.
Pilar Bornay dice que no tiene ningún mérito que los buenos alumnos saquen buenas notas también con nosotros. La labor está en enganchar, en motivar al que está perdido. Y en eso me empeñé mucho.
No sé si se acordarán del passé composé o si les servirá para mucho. Pero espero que les haya picado el gusanillo de la curiosidad. Un dia les pregunté quién fue Rodrigo Botet, cuyo nombre lo lleva el Instituto y en la era del Dios Google no lo habían buscado.
He terminado mi sustitución en ese Instituto. He descubierto una  nueva faceta de mi: Me encanta dar clases a los chavales. Son irreverentes, gritones, respondones y están locos. Tienen una energía y una vitalidad capaz de tumbar al más plantado. Y están vivos.
Después de treinta y siete años de relación y treinta y cinco de matrimonio, Rafa Gálvez y yo nos hemos separado. Me siento como si me hubieran cortado por la mitad con una sierra manual. Pero esto también pasará y después de la tormenta, otras mañanas vendrán.
A los chicos y chicas del Rodrigo Botet:  Jamás podréis imaginar lo mucho que me habéis ayudado estos meses tan difíciles para mí.
À bientôt, les filles et les garçons! Je vous adore...




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miércoles, 20 de diciembre de 2017

ESPEJOS




                                                    Llegir és un viatge inesgotable. Un viatge sedentari.

                                                                                    Viatge a Marrakech. Josep Piera

                                                                                           


Hay ciudades en las que una siempre se siente de paso. Podrás prolongar la estancia, inventarte que eres una más en ella. Pero la sensación de que estás de viaje no te abandonará en ningún momento.
Esas ciudades son para mí Marsella, Nápoles y Marrakech. En ellas no te sientes ciudadano del mundo, sino tan solo viajero. Además entre la primera y la última se establece una relación de espejos convexos. La misma sensación que tengo ahora, mientras contemplo la Marjal al atardecer. Como Alicia delante del espejo. Los campos están inundados y la luz vespertina se refleja en ellos, dejando trazos de luz azul, violácea, rosada.


Se acaba el año. Dentro de once días dejaremos atrás una parte de lo que fuimos, nos sumergiremos en otro espejo, inventaremos nuevas historias para seguir soportando la levedad del ser.
Me siento frente a este paisaje aparentemente sereno y pienso en otros días vividos, gastados.
Y por irme, me voy a Marrakech a través de Marsella. En esta última, el mes de mayo, yo leía a Josep Piera y su Viatge a Marrakech y enviaba a través del watshapp retazos del libro y fotos de Marsella y jugaba al juego de los espejos. Hacía creer que estaba en la ciudad de terracota y marjorelle  con las frases de Piera y las fotos de Marsella. El juego de los espejos.


L'espectacle eren les persones., més que no  el paisatge...



Aquests laberints perfumats d'humils sorpreses actúen en mi com un despertador de la memòria.


Els personatges de la història trobaven al desert la fascinació per l'absolut; una fascinació acaparadora i salvatge; la conseqüència, desprès del gaudi per la troballa existencial, era la mort, quan no la follia.




Al desert, com a molt, si va de pas. Hi van els solitaris, o els folls, o els místics, a meditar.



En el avión de regreso conocí a Elodie y Florence, odontóloga y directora de cine, respectivamente. Vienen a Valencia a celebrar el cumpleaños de la primera. Se pasan el viaje mirándose a los ojos. O mejor dicho queriéndose en el reflejo de la otra. Se acarician, se besan y hay tanta ternura en sus gestos que una se mira reflejada en ellos. No sorprende que su amor sea femenino. Sorprende las caricias derrochadas entre las dos, los susurros, la complicidad a borbotones. Algo que echo tanto de menos...
Vamos que como yo encuentre un hombre tierno, lo meto en una habitación y no salimos más que lo imprescindible para seguir fisiológicamente vivos.
Vanidad. Pura vanidad y muchos espejos por el camino.

miércoles, 29 de noviembre de 2017

DÍA DE GABARDINA





                                                              One of these nights
                                                              One of the crazy old nights
                                                               We're gonna find out.
                                                                                       
                                                                                       Eagles.





  ¡Qué bien, por fin llueve! Una mañana gris, un poco ventosa, con charcos en el patio y el chip-chap toda la noche. Me siento renacer. Por fin llega la lluvia. Deseada, tan esperada. Me quedaría todo el día aquí, mirando por la ventana, recostada en el sofá, viendo pelis, leyendo un libro. Disfrutando de lo que casi nunca tenemos. Ese escaso y extraño regalo en que se ha convertido la lluvia. Ver llover a finales de otoño, en este verano sin fin y a la deriva.  Pero me tengo que marchar a mis quehaceres.
Hay que vestirse a toda prisa. Un pantalón vaquero negro. Una camiseta del mismo color y una de mis queridas gabardinas. 
Las guardo todas juntas en un armario de la entrada. Juntas, pero no revueltas. A la izquierda, la que me compré en Conetica, fucsia, reluciente, casi sin estrenar. A su lado, la amarilla del mercado de las pulgas de Saint Ouen, al lado de Paris. En el lado derecho del armario, la negra que compramos Pilar y yo en Eguilles, una tarde de verano, mientras acudíamos a una cita en casa de Constance Thiery. Y en el centro, la azul de Oxford, junto a la marrón, la más vieja, la que compré en El Corte Inglés hace la friolera cantidad de treinta años.
Al abrir la puerta derecha del armario, he visto cómo se desperezaba la americana. Lo hacía lentamente, como si le hubiera alcanzado el olor a lluvia, a hojas húmedas. La he visto sonreirle a la parisina, más ajada su hermosura, pero de una clase muy chic. Se nota que se han hecho amigas. La francesa tiene mucho que contar de sus experiencias y andanzas por medio mundo, seguro que la espabilará y la hará feliz. He abierto de par en par el armario. Me he situado en frente. Las he contemplado a todas. La inglesa no parecía muy feliz. Refunfuñaba con un ojo cerrado, Miraba al bies a su vecina, tan descolorida, tan fuera de lugar y sin embargo, tan entrañable.
He dudado todo el rato. Si me pongo la nueva, fucsia y práctica, la vieja marrón se sentirá  morir. La amarilla parisina tiene unos humos y un estiramiento que a veces no es bueno exhibir y la negra hoy me parece demasiado lúgubre.
De pronto, ha comenzado el griterío, la discusión entre ellas. Me toca salir a mí. No, a mí. Hoy es mi día de suerte, vosotras no lo vais a conseguir. Serás creída, arribista, pero si solo llevas aquí un año. Será posible, aquí cuentan la experiencia y la antigüedad. 
Mangas que se cruzan, hebillas que se muerden, cinturones que juegan al ahorcado. Griterío general. Apenas puedo cerrar el armario. Ellas empujan y empujan desde dentro. Se rebelan contra mí.
Déjanos salirrrrr. Para un día que llueve. Maldita seas. A quién se le ocurre juntarnos a tantas en un lugar donde nunca cae ni gota, donde no nos podemos exhibir. Ignorante de la meteorología, mira que hacernos vivir aquí.
Empujo y empujo desde fuera y trato de darle vuelta a la llave del armario, pero no lo tengo fácil. Ellas son más y están organizadas. Me hacen sudar la gota gorda, hasta que por fin. Cierro el armario y me dejo caer en el suelo. Dios mío, qué sublevación. Casi que me pondré un impermeable.