sábado, 2 de noviembre de 2019

UN CURSO JUNTO AL MAR




                                                                                 Uno escribe para descubrir qué es lo que quiere                                                                                      decir.

                                                                                                      J.M. Coetzee.


El curso anterior, hubiera dado lo que fuera porque me enviaran a trabajar a un instituto ubicado en un lugar de costa, junto al mar. Me daba igual Castellón que Alicante, Oropesa, que Alfaz del Pí. Se trataba de acabar de pasar mi duelo a solas, en  donde no me conocieran, donde a nadie le importara qué me ocurría, de dónde venía o hacia dónde pensaba dirigir mis días. Lo peor del duelo son los rebrotes de tristeza que aparecen de repente, de forma descontrolada.
Me tocó Requena, el último lugar, entre ciento cincuenta que había señalado. Hace mucho frío entre viñedos. Hay un microclima de inviernos duros. Pero a todo se habitúa una, cuando las ganas son fuertes. Requena vende paisaje. Y te convence. La senda del telégrafo, el pico del Tejo. Los alumnos, los compañeros. Al final de curso... Quiero repetir en Requena. Y va y  me envían junto al mar.




A veces, tengo la sensación de que hay alguien moviendo los hilos de mi vida, quien decide cuándo es el momento oportuno para cada suceso, cuándo cruzarán mi espacio, otras vidas, qué papel tendrán en mi historia y cómo influiré yo en la suya.
En Vinaròs, tengo un apartamento a tres minutos de la playa de El Clot. Cuando me despierto lo primero que veo es el mar. Y solo por eso, ya me siento afortunada. Reparto amaneceres entre mis amigos. Y el Mediterráneo despierta a personas que conozco en Milán, Roma, Ufa, Dublin, Marrakech,  Requena, la Vall d'Albaida o el barrio de Russafa.
En el IES Leopoldo Querol, somos casi cien profesores y cerca de mil alumnos. Todo el mundo habla en valenciano, incluidos los Ahmed, Yassim, Bogdan, Polina, Nadia, Sabrina, Sabah, Jawa... Y cuando les preguntas de dónde son, te responden con cara de perplejidad... Pues, d'on vaig a ser? De Vinaròs! Entonces reformulo, d'on van vindre els teus pares, els teus avis? Ah, bé, eixa és una altra qüestió. D'Argèlia, de Paquistà, del Marroc, de Moldavia, de Guinea Konacri...
Vinaròs, por el norte, es el último pueblo de la Comunidad Valenciana antes de entrar en Cataluña.
Una preciosa ciudad que vive de cara al mar, su mayor referente. La gente es amable y bondadosa, como ya  me anunciara mi amiga Yolanda Martínez que estuvo aquí hace dos cursos.
Pasado el período de adaptación, estoy contenta. Voy y vengo andando, doy largos paseos, preparo mis clases, descubro a los alumnos y a mis colegas, entre los que se encuentran varios escritores. Tengo tiempo para leer y vuelvo a escribir. Y en el paseo de la playa, enfrente de la plaza de toros, he conocido a Miguelito.
Salve y ustedes lo pasen bien.