domingo, 21 de junio de 2020

EL VERANO DE LA COVID. DE MASCARILLAS Y DELANTALES


Y bueno pues, el jueves me fui a hacer recados por Valencia. Toda mona y arreglada, con un vestido negro de lino y un collar rojo de fantasía, comprados ambos en un chino de Palermo, al módico precio el conjunto, de diez euros. Y con la mascarilla de La Matandeta puesta.
En pleno confinamiento a Helena se le ocurrió tejer la idea de una mascarilla de La Matandeta. Pero tú crees que eso dará resultado. Si, madre. Las mascarillas serán  como tus delantales.
Claro que ustedes no conocen la historia de los delantales de La Matandeta.


Cuando se estrenó la serie Spain in the road, again, protagonizada por la actriz Gwyneth Paltrow y en cuyo capítulo valenciano aparecemos, a La Matandeta, empezó a llegar   gente de cualquier parte del mundo. No buscaban solo comerse una buena paella, sino también conocernos y compartir unas horas de nuestro trato y nuestro ambiente.
Si alguien recorre miles de kilómetros para estar contigo, se merece un plus. Así que había que obsequiarles con algo.
Una lo utiliza todo para salir adelante, hasta sus limitaciones. Me acordé de un programa de cuando la tele era en blanco y negro  y yo andaba por los siete años. La casa de los Martínez. Era un programa que pasaban los  viernes por la tarde y tenía tanto éxito que mi madre y sus  vecinas pensaban que se trataba de una familia real y no  de pura ficción. Pues bien, la emisión siempre finalizaba con una entrevista que realizaba la madre de familia a un personaje público, a quien  obsequiaba con la llave de la casa de los Martínez para cuando quisiera volver.
 A  mí se me  ocurrió agasajar  a los  viajeros llegados  desde cualquier confín, con un delantal de La Matandeta.
Y empezaron a aparecer fotografías en las redes sociales  de clientes con delantales nuestros, en cualquier rincón del planeta: En Manhatan, en Río de Janeiro, en Roma, en Hong Kong, en Seúl...


Madre, las mascarillas serán  como tus delantales .... Desde la ciudad de la justicia, enfilo hacia Jacinto Benavente y entro en la primera farmacia que encuentro a comprar mis medicinas para  la arritmia. La manceba, una chica muy guapa y sonriente, me da los buenos días y me suelta Anda, ¡qué  mascarilla más chula! Pero si  es de La Matandeta! Yo pasé hace dos semanas por la puerta y me dije, algún día tengo que venir a comer aquí. Iba camino del centro de Recuperación de Aves. Porque  yo cuando encuentro algún pájaro herido lo llevo allí... En eso que el farmacéutico salió de la rebotica y nos dijo ¿La Matandeta? Pero si yo soy cliente. Todas nuestras celebraciones familiares son allí.  Pago mis medicinas y les doy las gracias.
Sigo hacia El Corte Inglés, tengo que hacer la copia de una llave y ponerle pila a mi reloj.
El caballero que me hace la copia me da un máster sobre cómo hacer copias, siempre  a partir de la llave  original. Le pago casi cuatro  euros por una copia que nunca entrará en su candado y al  devolverme la tarjeta, sonríe tras su bigote y su  barba  perfilada y me dice: ¿Conque La Matandeta, eh? Muy buenos arroces, señora, muy buenos arroces.
Me siento un poco abrumada. El relojero me pregunta si quiero cambiar también la correa de mi reloj, y yo le digo que no. Que me gusta  su olor a cuero rancio.
Salgo a la calle y a  la altura de la tienda de Apple, me cruzo con una chica que va por la acera acompañada de una preciosa bicicleta. Como me quiero comprar una y no tengo reparos en abordar a gente desconocida, le pregunto que  dónde se la ha comprado. No, se la regalaron por su cumpleaños. Es  una bicicleta  holandesa de paseo. Realmente  una hermosura. La chica, argentina, me dice que no sabe dónde puedo comprar una, pero que entre  en Internet  y ponga bicicletas de paseo francesas y holandesas. Hay muchas de segunda mano. Ah, por cierto, señora, me espeta, la última vez que vino mi  familia argentina fuimos a comer a ese restaurante, el de su mascarilla.
Si, puede que tenga razón Helena. Las mascarillas son como los delantales, salvo que en plan persona-anuncio. Me he  sentido como una mujer anuncio toda la mañana.
Y en estas, que llegó el verano .... El de la covid, claro.
Salve y ustedes lo pasen  bien.






lunes, 8 de junio de 2020

¡¡¡GRACIAS!!! COMO DECÍAMOS AYER ...

A Fray Luis de León lo encerró durante cuatro años la Santa Inquisición por, entre otras  cuestiones, traducir  el Cantar de los cantares, uno de los libros del Antiguo Testamento, del hebreo al castellano. Permaneció en la cárcel hasta 1576. Cuenta la leyenda que pronunció su famosa frase latina Dicemus hestera die (Como decíamos ayer) a su vuelta a la cátedra.
Pues... Como decíamos ayer... Gracias, gracias, gracias.
Sin vuestra ayuda no hubiera sido posible reabrir La Matandeta. Pero, ¿Contamos la historia desde el principio?
Los  primeros  quince días, pues sí... No me  voy  a  recrear en ello ¿Y el resto?
La mañana que los de Alquileres Montero nos amenazaron con dejarnos sin luz y sin agua, yo entré en pánico. Escribí en el grupo de whatsap de Foc i cassola ....¡¡¡ESTOY HARTA DE SER VALIENTE!!!
Xavier Marí me  llamó al instante y me soltó ¿Por qué no dejas de desbarrar y te  pones a hacer algo? ¿Por qué  no dejas de preocuparte y te ocupas de lo más inmediato? Un amigo lo es  por  lo que lo es.
Fue también Xavier quien me sugirió  que convocara un crowdfounding entre los clientes y amigos. Tenéis una clientela muy especial, que os sigue desde hace mucho tiempo.
Y allá  que lo solté. Y  ha  funcionado.
Y tengo tanto que agradecer...
A Eric y Adolfo, que además vienen este sábado con una mesa todo lo grande que es permitida la reserva en la Fase 2 y dicen que su aportación ya se sumará a otras reservas. No a esta.
A Maria Jesús Carrillo, por su amistad, por supuesto y por toda la información que me ha enviado acerca de las ayudas y los créditos a bajo interés para proyectos de energías renovables. Hubo un director de banco queme dijo que no había nada.
A Carmen Minguet, que este pasado sábado me ayudó a limpiar la bodega  y me sugirió una idea muy interesante y que pienso poner en marcha de inmediato.
A Toni Adam por enviarme por escrito lo que yo estaba pensando.
A Pablo y Arturo Hernández, por defender nuestras causas.
A Mariló y Paco, por todo lo que nos aportan.
A Joan Roig, porque cuando él se caía lo animaba yo. Y viceversa
A Remigio Oltra, que si no fuera porque siempre anda liado con alguna novia ....
A Enric Beltrán, por seguirme desde aquel grupo del que me expulsó quien me debía tanto.
A David Borcha, por venir con sus niños  a explicarle a Rubén cómo reformar la cocina. A toda la familia Borcha que ya forma parte de nuestra familia.
A Olga por limpiar los cristales cuando estaba claro que iba a llover.
A Pilar Bornay que encima va y se rompe los dos codos.
A Charo Cantó, que desde aquel día en Terra Mítica no me ha abandonado.
A Luchi y Emèrit Bono por sus llamadas de ánimo y consuelo.
A Pepita Santamaría, mi opusiana favorita.
A Yolanda Moreno y Francisco Sanchis, por su apoyo, sus muchos años de  amistad, su cariño.
A Norberto Sánchez, que todavía no entiendo por qué me quiere tanto.
A Julián Peris, que todavía lo entiendo menos.
A la doctora Febrer.
Al primo Ferran Baixauli, siempre dispuesto a echar una mano.
A Rosa Yagüe mi tutora del máster de Planificación en Turismo y sin embargo, amiga.
A Ferran y Sara, que nos han ayudado desde Maastricht
A la familia Cases.
A mis amigas desperdigadas por el extranjero por sus muchos mensajes de  ánimo: Rose Prenderville, Sonia Lefèvre, Gaia di Filippo, Roberta Barbuscia, Inna Moïseva. Kenza Lamouasni, Gylaine Fortyn.
A Miguel Angel Jiménez, recién recuperado después de tantos años perdidos, y nada menos que en La Habana.
A Virtu y Charo Gandía de Fontanars, por seguir con nuestra amistad contra viento y marea.
A Victoria Sancho-Tello, por regalarme su historia para que la transcribiera. Por su aportación y la de su hermana Reyes.
A  las hermanas Escorihuela, por tanto afecto derramado,
A Dalia, A Miguel Moltó. A Nacho Cerdá. A  todos y todas  los que os habéis volcado para que pudiéramos seguir adelante! A los que habéis  vivido nuestra historia en primera persona y a los que os la habéis inventado...
No quería  dar nombres y sin embargo, lo he hecho. No os enfadéis los que  no aparecéis. La lista es muy larga.  Habéis sido tantos... Incluso gente que todavía no conocemos y ya nos han dicho que van a  venir.
A todas vuestras aportaciones, grandes o pequeñas. A vuestros saludos, a vuestras gracias. A todos los que alguna vez os  invitamos a algo. A un café, a un postre. A una comida cuando vimos que andabais demasiados solos. Y nos los habéis devuelto con creces.
A  Paco López, a quien no conozco personalmente, Y ha hecho algo tan grande por esta familia... Que ansío  el día que vengas de  Madrid y poder compartir un pedazo de vida contigo.
En fin, que nos vemos pronto. Que nos seguimos viendo.
Tengo tanto que agradeceros. Y, sobre todo, a  mis padres. Que me dieron la fuerza y el tesón que me caracterizan. Y una lección que jamás he olvidado. No se abandona lo que se ha traído al mundo. En mi caso, Helena y La Matandeta.
Salve  y ustedes lo pasen bien.




domingo, 7 de junio de 2020

UN VIAJE A VINARÒS



Es lunes, primero de junio. Helena y yo emprendemos viaje hacia Vinaròs. He saldado mi deuda con la inmobiliaria y, puesto que este curso ya no volveremos al Leo, voy a desmontar mi pequeño apartamento de  la Avenida Castelló. Hemos pensado que a la vuelta, llamaremos al amigo del alma, Joan Roig y comeremos con él en Alcossebre, en su casa, frente al mar. Vamos un poco somnolientas, pero pensando que nos espera un día estupendo.
 Dos horas de viaje, por una autopista que, desde enero,  ya no es de peaje. Pero a la altura de  Borriol  nos equivocamos y cogemos ruta hacia Sant Mateu. Por aquí se va a Morella. Y eso que conduce  Helena.
Llegamos un poco más tarde de lo previsto a las puertas del Instituto. Es el primer día que se incorpora el personal no docente. Están acondicionando el espacio físico a las nuevas medidas que regirán en septiembre, cuando  se incorpore el alumnado.
Está Javier Ferrer, el secretario. Me alegro y se alegra de verme. Intercambiamos comentarios. Devuelvo el manojo de llaves. Teresa anota que he estado aquí y nos vamos a por mis cosas.
Tengo una sensación muy extraña al entrar en el piso. Se ha quedado todo como hibernado, suspendido en un sábado 13 de marzo. Los limones, las naranjas que dejé en el frutero sobre el banco de la cocina están completamente cubiertos de polvo verde. Llenos de bichitos. No sé si armarme con una lanza, como D. Quijote, para abrir la puerta de la nevera....
¡Por Dios lo que debe haber ahí dentro!
Un trozo de salmón que gruñe como un troll. Los dos troncos de brócoli parecen los árboles vivientes del jardín encantado del Mago de Oz. La escarola   es como la cabeza de la malvada medusa. Y los huevos han hecho amistad con los yogures caducados. La botella de leche fresca hace dos meses y medio que dejó de serlo. Las patatas y las cebollas se han cocinado ellas mismas en su podredumbre. Lo tiro todo en bolsas que voy bajando al contenedor mientras Helena llena maletas  y cajas  con toda mi ropa. No me extraña que dijeras que no volverás  a comprarte  ropa en lo que te queda de vida. Me dice sarcástica. Es que había enfrente del Mercadona una tienda vintage muy barata ...
Los libros, los apuntes, los ejercicios desparramados sobre la mesa. Yo comía con una bandeja apoyada en una silla mirando la televisión. Manías solitarias.
Cuando ya tenemos todo cargado en la Picasso, en el último viaje, mientras yo cierro el piso y le doy dos vueltas a la llave, oigo a Helena ... Mamá!!!!! Se me ha caído la llave del coche por el hueco del ascensor. Lo que faltaba. Son las dos y media de  la tarde. Llamo a la de la inmobiliaria que me viene a decir que me las apañe como pueda. Llamo al número que figura en el ascensor. Hasta las tres no llega el mecánico. Nos vamos a pasear a la Platja del Clot.



Le hago una foto a Helena, donde tantos amaneceres me fotografié yo. Le enseño la terraza de LaLola Café, la casa de Miguelito, el pequeño, el enano torero, que no aparece por ninguna parte, le señalo Peníscola. Y me llaman del servicio técnico que el mecánico llegará en quince minutos.
Así es. Visto y no visto, consigue recuperar la llave del foso, lleno de agua. Menos mal que no era electrónica.
A las cuatro y media nos comemos dos bocadillos y una ensalada en la terraza del Bar Sevilla de Benicarló, regentado por unas chicas colombianas. Y vemos cómo funciona la gente con las nuevas medidas sanitarias en los establecimientos públicas.
Al  pasar a  la provincia de Valencia, hay un control de la Guardia Civil y nos hacen parar. Llevamos el coche a tope. Le explicamos al agente cuál ha  sido el motivo de nuestro viaje entre provincias. Y después de dudar un rato mientras lee mi carnet  del Leo y el papel de  la inmobiliaria nos deja seguir. Uf!
Por fin estamos cerca de  casa. Hemos emprendido ya la comarcal que nos lleva a La Matandeta. A la altura de la gasolinera de los taxistas, hay mucha policía, dos ambulancias y un hombre en el suelo al que  están tratando de reanimar. No cometemos el error del efecto mirón. Y seguimos.
Por fin! Ya hemos llegado. ¡Qué bien se está en casa!

jueves, 28 de mayo de 2020

¡NECESITAMOS UN CROWDFUNDING!





                                                                        En las buenas conocemos máscaras y en las 
                                                                        malas descubrimos los rostros verdaderos.

                                                                                        Anónimo



Como ustedes habrán podido observar, si siguen las entradas de este blog desde que comenzó esta pesadilla del corona virus, Covid-19, confinamiento, en La Matandeta no hemos parado de hacer reformas. Primero fue la entrada, las raíces del álamo blanco se la habían cargado. Ahora estamos con la cocina, con todo el suelo levantado. O nos poníamos a llorar, o nos poníamos a luchar. Y optamos por lo segundo, aunque de lo primero también hubo bastante.
Afortunadamente, ni en nuestra familia, ni entre nuestros amigos, ha habido que lamentar ninguna muerte. Y eso ya es mucho.


Ha habido muchos clientes que nos han llamado estas dos últimas semanas preguntándonos cuándo abríamos la terraza. Nuestra intención es hacerlo a partir del viernes, 12 de junio. Con todas las reformas que podamos terminadas.



                                                                               Llevamos desde el 13 de marzo con el restaurante cerrado y nos hemos encontrado con un problema de liquidez. Hemos tocado todas las teclas bancarias, pero ya saben ustedes que el banquero es un señor que te presta el paraguas cuando hace sol y te lo quita cuando empieza a llover. 
Así, que a todos los amigos, clientes, fans y seguidores de La Matandeta, les proponemos que nos ayuden a través de un crowdfunding. 


Se trata de un micromecenazgo. El proyecto a financiar es la reapertura de La Matandeta el próximo viernes, 12 de junio. A partir de una donación de 25 euros, que es la media de consumo por persona en La Matandeta. Pero no se trata de una donación a fondo perdido. A cambio, ustedes están pagando ya lo que piensan consumir los próximos meses en nuestra casa. Y todos salimos ganando.
Si quieren ayudarnos y participar en este micromecenazgo, calculen su donación (repito, a partir de 25 euros) y hagan un ingreso en la cuenta:
LA MATANDETA S.L.U
Caixa Ontinyent
ES11-2045-6014-6430-0019-9595.
En concepto, pongan ustedes ABONO PRÓXIMA FACTURA.
Ustedes nos ayudarán y nosotros tendremos la suficiente liquidez y fuerzas para seguir adelane.
Gracias, por anticipado.


miércoles, 27 de mayo de 2020

EL SONIDO DE LA POBREZA



Tres maletas. En tres maletas mojadas puede caber toda una vida.
La crisis del corona virus no afectará solo a los pobres. La Cruz Roja, la Casa de la Caridad, las ONGs, se están llenando de gente de clase media, como Vd. y como yo, que hasta el trece de marzo, navegábamos una vida  bastante bien. Ahora, el Covid-19, no entiende de clases sociales y mucho menos de  estratos económicos.
La historia de Iván Martín Rebollar (Madrid, 1963) me la envía mi amigo, el psiquiatra Antoni Adam, una historia  real  en la que él mismo ha participado y que fue publicada en el periódico El Mundo, el pasado viernes 22 de mayo.
Iván Martín Rebollar es autor de la  sinfonía Aquí la tierra, de TVE, así como de muchas cortinillas musicales dedicadas a distintos programas de televisión. Su obra alcanza a Las noticias del guiñol de Canal+, a la Expo de Sevilla, y sobre todo a la publicidad. Clases en la Universidad y anuncios que viajan en pentagramas.
Pero el corona virus, ha sumado la vida de Iván a la pobreza...
Una separación traumática, una vida en Portugal  para empezar lejos del dolor ... Hacía ocho meses que había regresado, después de  años viviendo en el país vecino. Trabajaba dando clases a  los niños en los asentamientos de la Cañada Real, trabajo proporcionado por la SGAE y se ayudaba también dando clases particulares.


Iván Martín posee un curriculum con trabajos en distintas empresas: producciones cinematográficas, teatrales y radiofónicas. Sin contar con su faceta docente.
Pero como en un guión, su vida ha dado un vuelco inesperado. Se ha quedado en la calle con tres maletas, que la lluvia mojó durante días. Ahora, el parque es su escenario. Cuando se cansa de estar allí, pasea. Su principal entretenimiento, acercarse a las puertas de lujosos hoteles, el Villamagna, el Miguel Angel. Porque allí hay pianos de cola. Lo que daría porque  le dejaran tocar uno durante horas. En estos  días, ha  llegado a compartir habitación hasta con doce  personas.
Pero lo peor no es eso, sino la sensación de fracaso. Preguntarse constantemente cómo es posible que esto me haya sucedido a  mí.
Cuando vuelve a su banco en el parque, Iván va componiendo mentalmente un réquiem, sin escuchar un solo instrumento. Lo ha titulado El sonido de la pobreza.
Como la historia de Iván Martín, por desgracia, nos llegarán muchas más. Lo peor no fue el corona virus, sino lo que trajo consigo: gente normal y corriente que habrá perdido su camino. ¿A qué suena  la pobreza? Le pregunta el periodista a Iván Martín. Me viene belleza en medio del horror.
Y esto, no ha hecho más que empezar.


domingo, 24 de mayo de 2020

LA HERMOSURA DEL ESPECTÁCULO



¿Qué ha sido lo peor del confinamiento? En nuestro caso, sin muertes familiares, no ver gente. El teléfono no sonaba, el de  La Matandeta. No pasaban coches por la carretera. No venía nadie. A partir de entrar en la primera fase, el teléfono, poco a poco, empezó a sonar. Queremos una mesa para quince. Es que no puede ser. Si, claro que sí. Tú pones a los niños en una  mesa y cuando lleguemos, las juntamos. Es que, señores, esto no funciona así. Las inspecciones van a ser  a saco. El Estado debe recoger, a través de multas, todo lo que ha dado.
¿Qué ha sido lo peor? La falta de relaciones sociales. Los humanos, somos animales genéticamente diseñados para vivir en sociedad. Como las hormigas, como las abejas. Como los lobos. Y ha quedado claro con esta pandemia. Necesitamos del otro. Para bien o para mal. Para hablar de sus virtudes o para criticarlo. 
Al principio, tuvo gracia ese tiempo suspendido. Pero pasados quince días, veinte, treinta.... Aquí, en mitad del campo, sin un coche que circulara por la carretera, no había más remedio que iniciar la tragedia  griega.
Esta semana empezó a sonar el teléfono de La Matandeta. Esa terraza... Estamos de reformas.

Fíjense en la foto, Es una tarde cualquiera del pasado mes de septiembre...



Vinieron a cenar unos amigos de Helena. Como se puede observar en la foto, Manuel ya empezaba con la burrera propia de la pubertad. Sin comentarios.
El de la barba es Juan Santaner, productor musical, miembro de la banda Vancouver's. Un tipo interesante donde los haya. Roquero, músico, artista... Con toda la prosopia típica de ese mundo.
La que está delante de Helena es la actriz Belén Riquelme. Recuerdo que aquella noche, Belén y yo estuvimos hablando del libro de Marcos Ordóñez Beberse la vida, dedicado a los catorce años que Ava Gardner vivió en Madrid. Las dos  somos fervientes admiradoras del Animal más bello del mundo. Belén acababa de protagonizar una película, todavía no estrenada, titulada Mambo. En ella, nuestra amiga interpreta a una cocinera que no puede pagar el alquiler, a la que la vida no es más que un desastre. Tal vez ahora, con esa película, tan apropiada a estos tiempos, Belén se convierta en una actriz muy famosa.
En realidad, la Riquelme, es como una artista de los años cuarenta. Posa como ellas. Fuma como ellas. Bebe como ellas. Quizás por eso todavía no haya conseguido hacerse muy famosa. Porque en el mundo de la interpretación debe de ocurrir como en otros mundos. Todo va por modas.
Pero si me dan a elegir, quién era la persona más interesante de aquella cena del mes de septiembre, les diré que la que tuve sentada a mi lado. Carola Falgás, diseñadora y pareja de Juan Santaner.
Una chica de Gandía que se marchó tres años y medio a vivir a Casablanca, después de una separación matrimonial que no quiso convertir en traumática. Una mujer que diseñó bañadores y biquinis durante nueve años para la marca Dolores Cortés.
En Casablanca, trabajó para una especie de Inditex marroquí, y viajó constantemente a China. Lo sigue haciendo ahora que diseña muebles para una empresa localizada en Lloc Nou d'En Fenollet. Me  pareció  una mujer tan valiente, tan guerrera...
Ya lo dijo Charles Bukowski El mayor espectáculo del mundo es la gente. ¡Y hay tanta hermosura en ese espectáculo!
Salve y ustedes lo pasen bien.





lunes, 18 de mayo de 2020

EL TEXTO






                                                                   Y nunca nadie podrá entender que esto 
                                                                   tenga tanta importancia.
                                                                               
                                                                                 El principito
                                                                            A. de Saint-Exupéry


Helena teje un columpio de macramé. Teje algunas tardes mientras espera paciente que algo suceda. Pero no teje y desteje como Penélope.
Ella, tranquila, exaltada a veces, rabiosa, dulce o colérica, pura adrenalina, teje un balancín mientras su mente crea un nuevo texto para La Matandeta. Un nuevo relato para el castillo encantado de la Marjal. 


Al fin y al cabo, el texto que contiene el relato procede del latín textus y significa tejido, enlace.
De ahí que los textos presenten muchos elementos relacionados entre sí, las palabras de forma lineal, pero a veces formando un entramado en el que es fácil perderse. Como es fácil que la cabeza, los pensamientos de Helena, sus divagaciones, lo hagan durante estos días. Que sus ideas vayan y vengan como los hilos del macramé que está tejiendo. Que se pierdan sus ilusiones para volverlas a encontrar al cabo de un rato. 
Helena ha madurado mucho y muy bien durante estos días. Una mañana me quedé mirando no a mi hija, sino a la mujer de pelo entrecano que tenía delante. Y me dí cuenta de cuán hermosa e interesante era. Cuánta fuerza y personalidad tenía.


Hija, cómo te han hecho madurar los problemas. Madre, como a todo el mundo, me contestó.
Helena teje con las manos y con el pensamiento. Al fin y al cabo, textere significa entrelazar. Un texto es un conjunto de enunciados entrelazados por el sentido. Como los hilos que anuda Helena con sus manos. Mientras su cabeza teje un nuevo relato, una nueva etapa del castillo encantado en el que se crió desde los siete años. Donde lo ha hecho su hijo.
Y mientras teje, física y mentalmente, el tiempo, que se había suspendido, ha vuelto a caminar.
Y ese tiempo que está llegando, necesitará del texto, del relato que creará  Helena. Y también del que tejerán sus manos.
No son buenos tiempos para la lírica. Pero qué sería de nosotros sin ella.
Salve y ustedes lo pasen bien.

sábado, 16 de mayo de 2020

DOSSIER DE RATTRAPAGE






                                                                              Los momentos no llegan nunca tarde o pronto,
                                                                              llegan a su hora, no a la nuestra, no tenemos
                                                                              que agradecerles las coincidencias, cuando
                                                                              ocurran, entre lo que ellos proponían y lo que
                                                                              nosotros necesitábamos.

                                                                                                  La caverna
                                                                                               José Saramago
                                                                                       







Esta semana que termina, al castillo encantado de La Matandeta llegaron ogros, trolls, cíclopes,  fantasmas de otros tiempos, intentando colarse por las grietas. Pero pudimos con todos. ¡La catarsis fue menuda! Lloros, gritos, risas, abrazos y posibles despedidas. Toni Adam, psiquiatra y amigo, me envía una entrevista que le han realizado en la Plataforma del voluntariado de España (plataformavoluntariado.org: Antoni Adam, psiquiatra y voluntario). En ella, a las preguntas del entrevistador, mi psiquiatra favorito contesta que una vez terminado el confinamiento, probablemente veamos un incremento importante en la demanda de servicios de atención a la salud mental.



Como señala Adam en la entrevista, hemos vivido cambios vertiginosos que nos han obligado a replantearnos nuestras formas de vida y los hábitos sociales: Nos hemos tenido que mirar al espejo, individualmente y como sociedad. Adam apunta que es pronto para hacer predicciones sobre cómo será el mundo, aunque asegura que, gracias a haber parado, hemos podido reflexionar y esto ya es un cambio importante. Inquiere el psiquiatra que durante esta crisis se está dejando bastante de lado la salud mental porque no se  están teniendo en cuenta los efectos del confinamiento: No solo existe el miedo al virus y al riesgo de contagio, sino que el confinamiento también ha mostrado situaciones en las que hay claros efectos en el agravamiento de la salud mental. Se están disparando muchos de los problemas mentales comunes: fobias, ansiedad, depresión ... Una entrevista muy interesante y recomendable. Ya saben dónde encontrarla.


Este fin de semana he estado preparando para mis alumnos, que han suspendido el segundo trimestre, unos Dossier de rattrapage. ¿Qué es eso, una recuperación? No, exactamente. Rattrapage es una palabra francesa que me fascina. La oí por primera vez, nada más llegar a la Universidad Aix-Marseille. Yo arreglaba papeles en la Secretaría y entró una alumna preguntando por le rattrapage de langue espagnole. No es exactamente un examen de recuperación. Une classe de rattrapage, permetant à un élève de rattraper son retard scolaire. Sería como un repaso para que aquel alumno que se ha retrasado consiga ponerse al día. Pero, rattrapage también significa rajustement des prix, des salaires, es decir ajustar los precios, los salarios al coste de la vida. Y además, rattraper significa atrapar de nuevo aquello que se había dejado escapar. Uno puede être rattrapé par son passé, es decir, perseguido por su pasado. 


Esta semana, Rubén y Helena, hicieron le rattrapage de son état, es decir un ajuste a su estado actual, de parados forzosos, siguiendo con las reformas, para que, una vez La Matandeta reabra sus puertas, todo se encuentre en mejor estado  del actual.
Pero ahí no termina mi relación con esta palabra. Y lo que voy a contar ahora, está dedicado a mi amigo Joan S. Micó, de L'Associació Foc i Casola, de la Vall d'Albaida.


Joan subió el pasado domingo al grupo de watshap de la asociación, a la cual también pertenezco, un video en francés titulado Repenser notre monde. Nuestro amigo se planteaba que, aunque se tratara de un montaje, los razonamientos eran totalmente asumibles.
La segunda vez que escuché el video, una contestación al discurso de Estado que hizo Emmanuel Macron, me fijé en que casi al final, el narrador decía mais, c'est aussi le rattrapage de notre état sur les accords du Cop21. Los acuerdos de la COP21 se consideraron perdidos por la mayoría de expertos del clima, ya que la reducción de emisiones de un 4% anual, implicaba una reducción del PIB del 4%.
La crisis del corona virus y la reflexión que le sucederá, harán perder, según las estimaciones entre el 10 y el 20% del PIB mundial. El video termina con la siguiente frase: Este virus y nuestra reacción nos ofrece una oportunidad de salvar el clima.
En los títulos de crédito aparece como narrador y guionista Julien Wosnitza. Y me pongo a buscar en el Dios Google, quién es esa persona.


Julien Wosnitza es un joven francés que ha publicado Pourquoi tout va s'effondrer? (¿Por qué todo va a colapsar?). Y así, a través de este joven y su vídeo, llego al término colapsología, un neologismo aparecido a principios de este siglo con el que se inicia el estudio del colapso de la civilización industrial y de lo que sucedería con ella.
La colapsología, desarrollada en Francia en el Instituto Momentum sigue la idea de que el hombre impacta su medio ambiente de forma perdurable y negativa. El colapso es el proceso al final del cual las necesidades básicas (agua, alimentación, vivienda...) ya no se proporcionan, a un costo razonable, a la mayoría de la población por medio de servicios enmarcados en la ley.
La colapsología es un ejercicio transdisciplinario que relaciona ámbitos como la ecología, la economía, la antropología, el derecho.
También difunde el concepto de urgencia ecológica, atado sobre todo al calentamiento global y a la destrucción de la biodiversidad. No hace falta que siga, verdad. En resumen, aquellos polvos, trajeron estos lodos. El vídeo se puede encontrar en Youtube, claro, y están buscando cinco millones de reproducciones.


Mientras tanto, Rubén y Helena seguirán con su rattrapage d'état, haciendo reformas, ante un futuro incierto. Y yo seguiré, hasta el día de mi muerte, fascinada por las palabras.
Que tengan una buena semana.


sábado, 2 de mayo de 2020

CARTAS DE LA HABANA







                                                                                               No es casual que CAOS sea
                                                                                     anagrama de Cosa y Caso.

                                                                                                        Luciano de Creszenzo




                                                                La Habana, a 22 de abril de 2020

Querida María Dolores:


               Leyendo tu blog  viajé como quince años atrás y me dí cuenta de  cuántos capítulos de tu vida me salté. Hoy, en esta cuarentena que no parece acabar; en la isla de Cuba, en La Habana empecé a mirar atrás y quise saber de tu vida, que en un momento fue mi vida, pero por motivos que desconozco o no quiero recordar, se tuvieron que separar. 
Parece que fue ayer cuando entré por primera vez en La Matandeta, siendo un adolescente en una moto recién comprada. Me atendió el Matanda, el señor Manolo quien, desde el minuto uno, empatizó conmigo, aunque en realidad la corriente  de simpatía se estableció con Willy, su perro foxterrier.
Desde ese momento, sin haber conocido a la jefa, supe que ese iba a ser mi lugar de trabajo durante aquel verano de estudiante de hostelería. Si la memoria no me falla, pasé allí tres años hasta que un accidente cambió la historia de mi vida. Helena era  una niña y a ella y a  mí, nos encantaba que nos contaras  historias. Era la  forma que tenías  de tenernos entretenidos durante  las  largas horas de  trabajo que pasábamos  a tu lado.
La verdad que encontrar estas líneas y tener el placer de escribirte fue el mejor regalo que la noche habanera podía hacerme hoy. 
Cuando todo esto pase, voy a ir a La Matandeta para volver a recordar y seguir viviendo.
No dejes de escribir, María Dolores. Naciste para y con ese don. Mi primera maestra de la cocina y más si cabe, de la vida, junto al tío Manolo al que nunca olvidaré porque él sí fue mi maestro arrocero.

                      Hasta pronto.
                            Miguel Angel Jiménez.

La Habana, 500 años de sabor colonial y encanto mestizo

                                                                 
                                                                 La Matandeta, a 2 de mayo de 2020

Querido Miguel Ángel:
Anoche no podía dormir. Entré por casualidad en mi blog a través del móvil y, aparte del destroce que hice eliminando una entrada (Tiempo suspendido), que ahora no sé si podré recuperar, me encontré con tu carta. Hay regalos que uno espera en la vida y, por tanto, no son regalos enteros. Sin embargo, hay otros que aparecen de manera sorpresiva, justo en el momento en que  los necesitábamos. Regalos que quien los ofrece no imagina el efecto  balsámico que van a tener, la  oportunidad de enviarlos y la valentía de ponerse a ello. Todo eso ha supuesto para mí tu carta.
Sí, te has perdido muchos capítulos de mi vida, como yo de la tuya. Pero eso no es lo importante. Lo realmente increíble es que, desde La Habana, en una noche en la que quizás tú tampoco podías dormir, pusiste  mi nombre en el Dios Google, o el de La Matandeta y apareció el relato. La narración de mi vida desde que nuestros caminos se separaron. 
Ya has visto que no he tenido  tiempo para el aburrimiento. Y que al final, uno acaba por llegar  a donde tenía previsto. Yo, a la escritura. He tenido que dar muchas vueltas para ello, pero el mundo es redondo, así que si caminas lo suficiente, vuelves al punto desde donde quisiste comenzar.
Me has hecho un regalo grande, maravilloso, inesperado. Un regalo que precisamente  necesitaba esta semana. 
Por supuesto que nos volveremos a encontrar en La Matandeta, en La Habana o en cualquier parte del mundo. Léete mi blog y así me ahorro parte del trabajo de contarte la historia de lo que me sucedió estos últimos  años. Mi padre murió aquí, en La Matandeta, mirando la Marjal. Murió como había vivido, sin molestar a nadie. Sin sufrir, ni hacernos sufrir. Ese es el  mejor regalo que me hizo en toda su vida, aparte  de quererme mucho.
Gracias, Miguel Angel, por tus palabras. Cuando pasees por el Malecón, acuérdate de mi. Allí o aquí, volveremos a cruzar  nuestros caminos.
                     Un abrazo muy grande,
                                                María Dolores.



viernes, 1 de mayo de 2020

RAÍCES

 




                                               
                                                                     Ahora me han derrotado, pensó. Soy demasiado viejo
                                                                     para matar tiburones a garrotazos. Pero lo intentaré 
                                                                     mientras tenga los remos y la porra y la caña.

                                                                                                 El viejo y el mar
                                                                                             Ernest Hemingway

                                                                                                
                                                                                               
                                                                              Què volen aquesta gent
                                                                            que truquen de matinada?

                                                                                      Lluís Serrahíma/ María del Mar Bonet.


Mi padre plantó, hará unos quince años, un álamo plateado, donde antes apenas creció una araucaria.
Me gusta este árbol, que puede alcanzar  los mil años si crece en un medio apropiado. Pero el pino araucano se murió. Y un día  que los  empleados  de  la Diputación andaban por las  márgenes de la  acequia plantando los álamos, se trajo uno.
El álamo plateado, en un medio como el de la Marjal, creció tanto, que sus raíces aparecían por todas partes. Habían levantado el suelo del  porche de la entrada. El Gloria destrozó la jardinera que lo contenía y lo venció hacia la entrada  como una barco varado sin  mar, ni arena.
Estos días de confinamiento, Rubén, Helena y Manuel se propusieron arreglar la entrada, para que cuando volvamos a instalarnos en la rutina diaria  de La Matandeta, todo esté más adecentado, más preparado  para disfrutar  de este castillo encantado, que dice Ferrán Marí.


Hubiera sido una semana más, de confinamiento y de trabajo a la espera de, si al olor de la debilidad en la que estamos sumergidos, no hubieran aparecido los tiburones. Sí, esos que nadan en busca de sangre. No creo que seamos las únicas personas en este país que en estos momentos tengan problemas económicos. Es más, dichosos y afortunados aquellos que todavía conserven un sueldo  fijo y piensen que, cuando por fin, salgamos de esta  cuarentena impuesta por el virus o por la  deshumanización de la humanidad, todo volverá a ser como antes. Porque yo estoy segura de que nada, volverá a ser igual.



Una empresa, que se decía cliente y amiga, sí, una tal Alquileres Montero, hubiera sido capaz de habernos dejado sin luz y sin agua, utilizando la coacción y el allanamiento de morada, por una deuda que no ronda los tres mil euros y que no fue pagada en marzo por la situación que a todos se nos ha venido encima. l
Siempre digo que no creo en Dios, pero sí en El Ángel de la Guarda. Hace, aproximadamente dos años, el Ángel puso en mi camino  a Pablo Hernández, a la puerta de unos juzgados. Y él, y solo él, nos ha sacado de este  aprieto. 
Mientras, los tiburones, con los dientes un poco carcomidos por las  dentelladas que solo pudieron darle a la verja de la entrada, se han ido en busca de sangre  a otra parte. La semana no fue para nada aburrida. Y  yo volví a bajar a mis propios  infiernos en  busca de fantasmas y monstruos que ya  no debieran estar allí.
Como siempre, gracias a mis amigos, por la paciencia infinita que me demuestran. Por escuchar mi rabia y mi desesperación. Porque hay días que el calendario se podría  saltar.  O hay tiburones que rondan la superficie cuando el surfista desprevenido ha perdido la tabla en una ola que no pudo remontar a tiempo.
Salve y ustedes lo pasen bien. Ya estamos  en mayo.








lunes, 13 de abril de 2020

EL LENGUAJE DE LAS AZOTEAS y VI




                                                                             Puro engaño de inocentes y desprevenidos, 
                                                                             el principio es un proceso lentísimo, demorado,
                                                                             que exige tiempo y paciencia para percibir en 
                                                                             qué dirección quiere ir, que tantea el camino como
                                                                             un ciego, el principio es solo el principio, lo hecho
                                                                             vale tanto como nada.

                                                                                                  La caverna
                                                                                               José Saramago



                                      Sólo te queda resistir, no ser como aquellos que, a medida que la intensidad
                                      de su imaginación juvenil va decayendo, se acomodan a la realidad y se 
                                      angustian el resto de su vida. Sólo te queda tratar de ser de los más obstina-
                                      dos, mantener la fe en la imaginación durante más tiempo que otros. Madu-
                                      rar con obstinación y resistencia: madurar, por ejemplo, dictando una con-
                                      ferencia de tres días sobre la ironía de no haber conocido de joven la iro--
                                      nía. Y después envejecer, envejecer mucho y mandar al diablo la ironía, 
                                       pero aferrándote patéticamente  a ella para  no quedarte  sin nada y ser el
                                      blanco espeluznante de la ironía de los otros.

                                                                          París no se acaba nunca
                                                                            Enrique Vila-Matas




                                                A Victoria Sancho-Tello, por su generosidad en estos días de 
                                                pandemia.






Nos casamos un Viernes de Dolores en la  ermita del pantano de Benagéber. Era  el  año 71. La ermita estaba medio en  ruinas, pues no la  restaurarían hasta cuatro años después. Aquella  boda  por  la  iglesia fue una concesión a mis padres, católicos recalcitrantes. Además mi padre había terminado  el proyecto de  aquel pantano... Como ramo, llevé una vara de  almendro en flor, que una tía tuya acababa de  cortar. Dijo que una novia no podía  ir sin flores al altar. Nos casaron los tres curas más progres del  momento. Y hubo comida y fiesta y una alegría inmensa de comenzar nuestra vida en común. Y luna de miel  en  los Pirineos.
Ya vez, cincuenta años hubiéramos celebrado estos días... Fue una revisión rutinaria  en  La Fe. Te encontrabas  perfectamente. Llevábamos bastantes  años  jubilados, nos habíamos  reinventado, como tantas  veces. Qué  sería del amor sin la imaginación. 
Nos  dieron el diagnóstico a  los dos  juntos, cogidos de la mano. No te asustaste. Dijiste a luchar de nuevo. Cinco años duró la lucha. 
Ahora, amor, la gente de tu edad, de la mía, se está  muriendo. No aquí en  Valencia, ni en  España. En  todo el mundo. En un mundo global, los acontecimientos son globales...
Faltaba nada para que te fueras, estabas muy sedado. Justo antes de  entrar en coma, con nuestros hijos  en la habitación, me pediste que  me acercara. Me diste las gracias por  tantas cosas, me regalaste las mejores palabras  de amor y... Tuve que salir  de la habitación entre sollozos, ahogada por los gritos que no debía  dejar escapar. Conseguí serenarme  y, al volver al cuarto, Mirta me abrazó. Mamá, se ha despedido de ti. Ya no está aquí.
Hoy está nublado y las azoteas sin sol no son lo mismo. He subido un momento, pero  no se ve a nadie. Solo se escucha la música en el piso del caballero del panamá. La terccera de Beethoven. La Heróica.  La marcha fúnebre, la preferida del doctor Barraquer.
Amor, la gente se está muriendo sin despedirse. No tuvieron nuestra  suerte. No hay manos a qué cogerse, ni perdón, ni agradecimiento que ofrecer. Y da igual el estrato social al que perteneces. El virus no establece diferencias de clases. Eso  en nuestro mundo tan limpio y civilizado.
Mientras aquí nos faltan camas en UCIs, mascarillas y recursos apropiados, en el largo listado de olvidados del planeta, donde el confinamiento no es aburrimiento sino supervivencia, ni siquiera existe  un estado que pueda ayudarlos. Los apátridas de  la tierra. Ellos, los  que  no tienen nacionalidad tienen que elegir entre  el hambre y el virus. Europa no ha sido capaz ni de ponerse de acuerdo en la distribución de los refugiados. Miles de ellos esperan en Grecia a  que  Europa mueva ficha. Y la Unión Europea no sabe qué hacer con una de sus grandes catástrofes. Nuestros valores  se hunden en el Mediterráneo. Nuestro mar, nuestra cuna.
Hoy no ha salido el sol y me he venido un poco abajo. Pero estoy bien. Tú cuídate mucho. 
Y espérame. No me da miedo viajar contigo.

Willy Ronis, fotografo umanista - Città Nuova - Città Nuova

domingo, 12 de abril de 2020

EL LENGUAJE DE LAS AZOTEAS V






                                                                       Buena verdad es que ni la juventud
                                                                       sabe lo que puede, 
                                                                       ni la vejez puede lo que sabe.

                                                                                     La caverna
                                                                                  José Saramago
                                                                                    

 Domingo de Pascua. He hablado con Mirta, los  niños están bien y Juan, su marido, en el Clínico trabajando. Hace días que  no lo ve. Quizás semanas. Yo sé que no me cuenta toda  la verdad para que no me preocupe y me insiste en  que  vaya  al mercado de Russafa, que me alimente bien y que, al menos camine hasta allí. Ida y vuelta. Que con la  azotea no es suficiente. Yo no soy persona de alto  riesgo. Bueno, soy hipertensa, pero estoy fuerte. Setenta y  tres años bien llevados. Siempre me he cuidado. Me encanta bailar. Lo hago todos los días. Ya estoy aquí otra vez. Sentada en mi hamaca fosfo contemplando el paisaje de las azoteas y de  los vecinos que se asoman  a ellas. 
El caballero del panamá hoy me  ha preguntado qué tal me encuentro, cómo lo llevo. Bien, bien. Cuando todo termine quedaremos para  tomar café o lo que sea. Me ha propuesto. He sonreído y asentido con la cabeza. 
La chica del ático se llama  Mónica y su  marido, porque es su marido, Pascual. Es muy agradable. Me ha contado que se casaron hace un año y querían tener pronto niños. Pero que  con el  panorama actual, mejor  van a esperar.
Me gusta la novela de Saramago. Muy apropiada para el momento  que  vivimos. Un alfarero, cuyo mundo  se extingue, un centro comercial que crece y amplifica nuevas formas de vida. Y una conclusión: No cambiaremos de vida si no cambiamos la vida.

            CONTROLES DE VISIÓN EN LAS ESCUELAS LOMENSES – Noticias Lomas                    

Ayer íbamos a hablar de Gabriel. Qué mal lo hice. Todavía  no me he perdonado.  Cuando terminara  aquel  primer curso, nos casábamos  por poderes en otoño y yo me iría a vivir con él a Bogotá. Gabriel preparaba su tesis doctoral con el hermano del Dr. Barraquer. Yo escribiría mi tesina, dirigida  por D. Joan Retglà, sobre Desarrollo en América Latina. Pero llegó el mes de abril y aquellas meriendas, los guateques  en casa  de tus  amigos y tus amigas que  me dicen que has roto  con tu novia, que bebes  los vientos por mí. Y yo, como siempre, sin enterarme de nada.
Quince de mayo, mi cumpleaños y un gran ramo de  camelias que me  trajiste. Como para  que siguiera  sin enterarme de nada.
Esa misma tarde, la de mi cumpleaños, Gabriel me llamaba desde Colombia para ultimar detalles de la boda. Y yo, balbuceando va y le digo que no estoy segura, que  no sé si estoy preparada para casarme, para irme tan lejos... Había que esperar, no me atrevía a afrontar la verdad de que cada vez estaba más cerca del abismo. Que mejor lo dejábamos todo en suspenso y ya veríamos.
En agosto, me saqué un billete en el  SEU para irme a  Londres con Ana Rubio, amiga y periodista. Nos buscamos una residencia de estudiantes. Así que te enteras y me sueltas que tú también tienes billete para el mismo vuelo, que vas a ver a tu hermano Juan, militante del PCE y exiliado.
Al llegar a Heathrow diluviaba y tu hermano nos invitó a quedarnos en su piso,sito en una callejuela a pocos metros de Oxford Street, muy cerca de Marble Arch. Todo el mes de agosto te llevamos detrás, te llevé detrás de mí. A Cambridge, a Oxford. Cómo nos reímos y cómo discutíamos de todo y por todo.
Dejé de escribir a Gabriel. Y cuando llegó la Navidad le dije a mi madre que en abril me casaba con un chico que ella no conocía de nada.
Fue el arrebato, como dicen los amigos de entonces que desde que te fuiste no han dejado de acompañarme, de visitarme, de revivir.
Nunca le dije a Gabriel que me casaba con otro. Al cabo de veinte años, volví a tener problemas de visión. Necesitaba una medicina que no se encontraba en España y le pregunté si me la podía conseguir. Me contestó con una carta muy escueta indicándome dónde la podía conseguir. Tiempo después  supe que  tardó mucho en casarse. Diez o doce años. Tuvo hijos y una niña se le murió con doce años. Le escribí dándole mi pésame. Me contestó con cariño y yo entendí que me había perdonado.
El verano pasado, fui a Murcia al entierro de mi  tía Blanca. Llegué tarde a la iglesia, con el funeral iniciado y mira por dónde me senté a su lado. A la salida, hablamos un momento y tomamos algo en una  pastelería cercana. Al día siguiente me envió unos pasteles de carne, típicos de la ciudad, que me gustan mucho. Con una nota y una frase de una canción popular colombiana que habla del amor verdadero que ni se aleja, ni se olvida.
Gabriel es muy conservador, muy religioso y está felizmente casado. Pero es  curiosa la vida y los cruces que nos va dando. A él y a Barraquer les debo haber disfrutado durante tantos años del la visión del mundo. Bueno, lo importante es que con el tiempo, me ha perdonado.
                                

sábado, 11 de abril de 2020

EL LENGUAJE DE LAS AZOTEAS IV



                                                                                     




                                                                                         El pasado no sólo no es fugaz,
                                                                                         es que no se mueve de sitio.
                                                                                                  
                                                                                                      Marcel Proust.




Qué bien he dormido. Llevo instalada desde las diez en una hamaca que he subido a la azotea. Un par de libros: La caverna, de Saramago y Paris, no se acaba nunca, de Vila-Matas. Así viajaré otra vez contigo a esa ciudad a la que tanto nos gustaba escaparnos, cuando los niños y la economía nos lo permitían. Y cuando tu primo Pepe, alto funcionario de la ONU destinado allí, nos prestaba su apartamento del Quai d'Orsay. A recorrer librerías de segunda mano, escuchar jazz en las caves del Quartier Latin y pasear sin rumbo por la isla de San Luis ¿Te acuerdas aquella vez que comímos en la Brasserie des Lilas y en la mesa de al lado lo hacían Sartre, Simone de Beauvoir y Claude Launzman? Qué momento más emocionante. Para los dos, sobre  todo para ti, profesor de Literatura. Fue como vivir un pasaje de historia en nuestras vidas. Fetichistas que éramos. 
También me he traído unas hojas de papel en blanco, bolígrafos de colores y el sombrero negro de ancha visera comprado el último verano que pasamos en Xabia. La hamaca, de playa, es de color verde fosfo y combina muy bien con el negro del sombrero y mi ropa: Unos pantalones  ajustados y un suéter de cuello alto, también negros. Pero qué coqueta sigo siendo. A mi manera, porque la verdad nunca gasté mucho en atuendos, pero soy muy apañada para combinarlos. Y como tú siempre decías  hay que ver, la báscula tiene una pacto de vida contigo. Setenta y tres años, cariño y sigo usando la misma talla que a los dieciocho.
Mira, se acaba de asomar el señor del panamá al balcón. Lleva un café en la mano derecha y ha salido sin el sombrero. Con la mano izquierda me saluda y me ofrece su taza. Gracias. En su casa, suena  la 9 de Beethoven. La sinfonía está terminando. Pronto llegará  la Coral, ese símbolo de alegría y libertad, que ha tomado Europa como himno.
Europa. A ver cómo nos saca de esta. Solo bajo a por los periódicos los domingos. Compro cuatro y los voy leyendo durante toda la semana. No me dejo ningún artículo de opinión. Así contrasto. Dos informativos al día, y no quiero más noticias. Al principio me mareaba tanta información. He cortado por lo sano.
Acaba de salir a la terraza la chica del ático. Es rubia, de cabellos largos y cuerpo flexible. Me ha dado los buenos días y se ha estirado sobre la alfombrilla que llevaba debajo de un brazo. Empieza su tabla de ejercicios diarios.


¿Por dónde empezamos hoy, amor? Qué mal lo hice con Gabriel. Nunca me lo he perdonado. No me atreví a decirle que apareciste en mi vida y fue como asomarme al abismo. Un arrebato del que no quise escapar.
Pero volvamos a la universidad. La dictadura hacía aguas por todas partes. Yo, una chica de buena familia, católica y de derechas, educada en un colegio de monjas, me matriculé en la Facultad de Filosofía y Letras, una olla en plena ebullición. Las protestas estudiantiles se sucedían día sí, día no. Y ahí el franquismo demostró la prueba de su fracaso cultural e ideológico. 
1965, mi segundo año de carrera, la disolución del SEU, gracias a las movilizaciones universitarias y el apoyo de catedráticos como José Luis López Aranguren, Enrique Tierno Galván, Agustín García Calvo, expedientados por acudir a   aquella  manifestación en Madrid del 24 de febrero. Cómo corriste aquel día  delante de los  grises, no te cansabas de contármelo. Estudiabas tu carrera allí y andabas movilizado. 
Aquí, en Valencia, también. Todos los días ocurría algo. Una manifestación, un cóctel Molotov, una pancarta en la fachada de la Facultad, que algunos  habían colgado durante la noche. Y yo, una chica mal de casa bien, siempre metida en todos los fregados.
Mi padre era un hombre muy religioso y por supuesto  apoyaba a Franco. Pero al mismo tiempo, siempre fue respetuoso conmigo y mis ideas. En una de aquellas movidas, nos encerramos durante una  semana en la Facultad, con  Raimon. Al Vent. Recuerdo que mi padre vino a verme y nos saludamos a través de la rejas del primer piso: ¿Estás bien, hija? ¿Necesitas algo? Nunca me recriminó nada, nunca se opuso a la manera de vivir que yo, que nosotros iríamos eligiendo.


El concierto de Raimon en mayo de 1968 - elmundo.es | Fotografía


Años contundentes en nuestras vidas, que marcarían un nuevo futuro a este país, lo sacarían de la grisura y del apocamiento, de la falta de perspectivas, de la cultura plana que nos habían  inyectado y del aislamiento, social, cultural, humano. Y nosotros, estuvimos allí.
Pero quería hablarte de  Gabriel y, ahora mismo, te traiciono con Saramago.

viernes, 10 de abril de 2020

EL LENGUAJE DE LAS AZOTEAS III





                                                                     Si alguna vez la vida te maltrata,
                                                                     acuérdate de mí,
                                                                     que no puede cansarse  de esperar,
                                                                     aquel que no se cansa  de  mirarte.

                                                                                       Luis García Montero


Hubo luna llena esta noche. La primera  luna llena después del equinoccio de primavera. Semana Santa. A estas horas, ya estaríamos instalados en nuestro chaletito de Xabia, junto a la playa del Segon Muntanyar, hacia el sur de  la playa  del Arenal.
Una playa espaciosa y abierta por cuyas escaleras tú habrías bajado al amanecer para echar unas brazadas, mientras yo preparaba el desayuno para  tomarlo en  la  terraza.
Esta luna llena de abril me recordaba a la de Xabia, columpiándose entre los pinos. A las dos  de la  madrugada subí a  la azotea. No se veían muchas luces encendidas. Nadie estudia, nadie está insomne. No me  puedo columpiar  en las historias que  las lucecitas encendidas en los pisos me sugieren. Así que  lo haré en la  nuestra. En cómo se fraguó nuestra historia de amor y vida ...


Gabriel era murciano, como yo. Nos habíamos conocido en casa de mi tía Blanca, ¿la recuerdas? Tan frágil, tan menuda y tan parecida a su nombre. Celebrábamos su cuarenta cumpleaños y ella había invitado, además de la familia más allegada, a sus amistades del barrio. Entre ellas, Gabriel, sus padres y sus hermanos. Fue un flechazo. Enseguida nos  hicimos novios. Yo tenía dieciocho años. No fue solo mi primer amor, sino el hombre con el que descubrí  el sexo. La  pasión  que mi cuerpo era  capaz de dar y recibir.
El primo murciano, como lo empezó a calificar mi familia, había terminado Medicina y empezaba la especialidad de  Oftalmología. Era un médico de vocación. Consiguió una beca para estudiar en Colombia un año y después tenía  previsto instalarse  allí, seguir estudiando. Cuatro años después de conocernos, habíamos planeado que nos casaríamos  por poderes y yo me iría con él. En Bogotá estaría  nuestro primer  hogar. Yo lo adoraba. Pero además, sucedió aquello...
Gabriel había descubierto en mi cuarto año de carrera la enfermedad que padecían mis ojos: un glaucoma cortisónico elevadísimo, en los dos ojos, que me hubiera dejado ciega en menos de un año.
Cuatro operaciones seguidas en la Clínica Barraquer. Estuve allí tanto tiempo que me hice muy amiga del doctor Barraquer. Era la más joven de sus pacientes. Lo mío fue un caso muy importante y él lo explicaba a sus alumnos y colegas. D. Joaquín me invitó una noche a cenar a su casa y escuchamos una sinfonía de Dvorak. La del Nuevo Mundo. Consiguió frenar mi enfermedad su valía y el gran esfuerzo económico que llevaron a cabo mis padres. 
Pero terminé la carrera. Y a pesar de nuestros planes en común, fuí a trabajar a Cheste aquel curso, que cambiaría también el curso de mi vida porque llegó el arrebato.
Sí, el arrebato que fue conocerte. Hoy estoy cansada, he trasnochado demasiado. Ya hablamos en otro momento.