domingo, 29 de marzo de 2020

EL DOMINGO, AL SOL


Poco a poco, una adopta la normalidad de lo que está viviendo. Se amolda, se configura y decide disfrutar de lo bueno que ha traído la situación. Lo bueno de lo malo. Como este domingo, tan extraño en nuestras vidas. Normalmente es el día de la semana de más trajín, más trabajo, más gente que pasa por aquí. Muchos de los clientes, ya son amigos. Solamente llevamos veintinueve años.
Hoy al despertar, he visto durmiendo a Manuel a mi lado. No sé siquiera a qué hora subió, no oí sus pasos. Me visto y bajo sobre las ocho a practicar marcha nórdica. Helena lleva ya una hora de ejercicio. Lo bueno de lo malo es que tenemos un día increíble para compartirlo, sin estrés, sin nervios. No pasa ni un solo coche por la carretera. No es habitual este silencio. Solamente la guardia civil en moto que viene a preguntarle al vecino si se trata de una segunda residencia. Anda!


Llaman algunas amigas. En la vida había hablado tanto por teléfono. Hay gente que se ha quedado completamente sola. Esas son las primeras personas a las que envío mensajes, amaneceres. Consigo hacerme seis kilómetros de marcha, increíble, sin salir de La Matandeta. què et pareix Xavier?
Limpio platos, Rubén arregla tuberías. Ahora se nos ha terminado el gas. Qué bien. Cocinaremos a leña, brasas y horno moruno. Así ahorramos.
Llega la hora de la comida. Fideuà Manuel.



Qué suerte tener un gran chef en casa. Aunque, a Dios pongo por testigo, que no engordaré ni medio kilo durante este confinamiento. A pesar de los suculentos platos, de la tranquilidad y el sosiego que pienso tener a partir de ahora mismo. Ni medio kilo!
La sobremesa es corta, Helena se va a dormir, yo a leer. Rubén y Manuel ...



Para que, cuando volvamos todos a la normalidad, La Matandeta esté más aseada, más bonita. Han estado trabajando con la ilusión del que sabe que habrá un futuro. Todos los tendremos. A partir de hoy, a Dios pongo por testigo que no volveré a quejarme. Vivo en un lugar privilegiado con el que poco a poco me voy reconciliando. Tengo una familia, un espacio físico y mental. Tengo amigos que se preocupan por mí y yo por ellos. Tengo un trabajo en Vinaròs... 
A Dios pongo por testigo que siempre voy a ver lo bueno de lo malo.
Salve y ustedes lo pasen bien. 

ACCIÓN, REACCIÓN



A Rubén se le ocurrió que si tuviéramos un grupo pequeño, podríamos cargar las baterías y, al menos, tener luz y wifi estos días, aunque no podemos solucionar el problema del agua.
Helena deja de llorar durante un rato y se pone a buscar en Internet, qué establecimientos pueden vender un grupo de 2800 watios. Lo encuentra en Bauhaus, Paterna. Mañana lo tendrán a las diez. Yo saco la tarjeta de crédito.
He amanecido a las ocho con Manuel a mi lado. Rubén y Helena ya hace rato que andan trasteando.
Ha salido el sol. El día promete y todo parece menos huraño. Van a preparar el espacio donde colocaremos el grupo.






Helena barre, el patio, yo la terraza. Quito hierbas, hablo con Rubén, ponte guantes, la mascarilla, haz  fotos de nuestro grupo averiado. Si te preguntan por qué llevas la tarjeta de una mujer, dices que es la de tu suegra que no ha podido venir porque es persona de alto riesgo. Mental, alto riesgo mental, debe pensar Rubén.
Se marcha sobre las diez y media y yo cruzo los dedos. Madre del Amor Hermoso. Que no le pase nada. La autovía va a estar llena de controles.
Helena y Manuel se ocupan del trabajo de Sociales. Manuel tiene que montar una empresa. Y elige una ganadería de toros que no serán sacrificados en el  ruedo. Solo recortadores y toreo portugués.
Madre e hijo están enfrascados y yo barro las terrazas como si no hubiera un mañana. Necesito hacer algo físico.


A este paso, el maestro llamará para decir Helena has sacado un nueve en el trabajo. La mañana es espléndida y Rubén llega con el grupo, sano y salvo. Lo llena de gasolina y me cojo un buen colocón solo del olor. Madre mía, qué mal me encuentro. Después de estar toda la mañana al sol, el olfato lo sigo teniendo perfecto porque la gasolina me ha mareado. Ni que me la hubiera inyectado en vena.
Rubén se pone a la instalación del grupo. Cable por aquí y cable por allá. Nosotras no entendemos de esto, así que seguimos a lo nuestro. Bien! Ya funciona! Viva el capitán América! Podremos recargar las baterías de la casa y tendremos luz en la casa y wifi, unas horas al día. Puedo escribir y me pongo a ello por la tarde.
Solo nos queda el tema del agua. Rubén, cambia el pequeño grupo de lugar. Lo deja junto a la balsa y pone en funcionamiento la bomba.


Tendremos agua para lavarnos las manos, los dientes, asearnos un poco y fregar los cacharros.
Comemos felices y contentos. Un puchero que está de muerte. De postre, helado que se ha deshecho porque las cámaras siguen sin energía eléctrica.
Pasamos la tarde cada uno a lo suyo. Helena duerme, Rubén y Manuel ven la serie Juego de caballeros. Yo leo a Mendicutti y su Mae West y yo, tengo ganas de reirme un rato.
A las seis Helena despierta de su siesta y me encuentra limpiando los cristales. Qué haces, madre. Pues verás, como no he quedado para ir al teatro...
Mientras Rubén prepara el horno moruno para las pizzas que van a cocer para la cena, yo me voy a Paris. Aquí ya hemos acuñado la expresión Irse a Paris, que significa que me voy a dar una vuelta por La Matandeta.

Cenamos pizzas recién salidas del horno, que para algo vivimos en un restaurante. Y el día termina muy pronto. Y  ha sido mejor que el de ayer, aunque peor que el que vendrá mañana. Porque cada día iremos solucionando los problemas que se nos presenten. Iremos uniendo fuerzas y caminaremos juntos como una familia que somos.
Tiempo de confinamiento, pero también de reencontrarnos, de mirar hacia nuestro interior, de replantearnos el mundo y su futuro.
Tiempo de valorar lo fútil y lo realmente necesario.
Tiempo de confinamiento y de contemplación, de serenidad y meditación.
Buenas noches.
Salve y ustedes tengan un buen confinamiento.

sábado, 28 de marzo de 2020

DÍAS DE CONFINAMIENTO






Cada día de esta semana pasada, a partir de las nueve de la mañana, el grupo de watshap de profesores del Leo parecía el ágora en tiempos de Platón y sus discípulos. Cómo se cuelgan artículos en Aules. Alguien sabe qué pasa con Itaca, no me deja entrar. El servidor no funciona. Quién es el tutor o tutora de 1ºESO C y D. Acaban de enviar un correo a gva para activar y usar el Webex. No habrán oposiciones este año. Por favor, podéis enviar los deberes por el corporativo a K.Z. sus padres no están conectados a Itaca. Ni sus padres, ni un gran número de padres. Alguien sabe si el alumnado de bachillerato ha podido acceder a Aules ya... Nunca me podría imaginar que tendría tantas ganas de volver al Instituto. Yo, también. Y yo. Y yo.
Cuando acaba la jornada estoy más cansada que si le hubiera dado cincuenta vueltas a la plaza de toros de Vinaròs. Y con tan  poco rendimiento.



Vinaròs, de pronto, ya no está a ciento cincuenta kilómetros, sino en el confín del mundo. Y tengo por todos los medios que seguir unida a mi alumnado. No los puedo perder.
En Vinaròs está mi  mundo cotidiano, en un apartamento que ya no podré mantener, así que, domingo, 22 de marzo, hoy es el aniversario de la muerte de mi padre, hoy hace justo dos años que...
Llamo a mi amigo Xavier Marí y me pongo a llorar como una magdalena. Llamo a mi amigo Joan Roig y me entran ganas de llorar al escucharlo. Vamos que me ha dado el día llorón. Decido ir el lunes a las seis de la mañana a desmontar el apartamento de Vinaròs. Sé que el confinamiento va para largo y en estos momentos yo soy el único recurso  económico de esta familia que, de la noche a la mañana se ha venido abajo. Cada euro, tiene que estar racionado, si queremos tener un futuro. Y sí que lo queremos.
Xavier Marí, me aconseja que me asesore bien antes de iniciar tamaña empresa. María Teresa Ulldemolins que consulte con mi abogado. Y los de la inmobiliaria, una pareja de alto riesgo, que ellos están encerrados en casa y de salir ni soñarlo. Hablo con la hija, me arregla los papeles. Pero, entonces, pienso en mi amigo y capitán del ejército y lo llamo. Enseguida me devuelve la llamada. Se encuentra en la sede de la ONU, en Quart de Poblet. Pero el lunes, veintitrés lo mandan para Madrid. Aquello es una Morgue. Yo no te aconsejo que salgas de casa. Es peligrosísimo. Hay controles por todas partes. Y las multas son de cuidado.
Así, que no lo hago. Vuelta a empezar. Tengo un apartamento en Vinaròs, con la nevera medio llena,  que en estos momentos no puedo pagar. Ni ir a devolver las llaves, ni recoger mis cosas. Mi familia depende absolutamente de mí. Hay decisiones importantes que tomar. Todos creemos en el futuro.
Y por fin el martes, amanezco sin llorar. Me sumergí, hasta tocar fondo y ahora se trata de nadar hacia arriba para llegar a la superficie y empezar a dar brazadas hasta  volver  a mi epicentro emocional. Reunión telefónica con mi jefa de Departamento. Las estrategias a seguir con el alumnado.
Después es preciso que salga de La Matandeta para ir al banco. Hay una gestión que es imposible realizar vía internet. Desde que volví de Vinaròs no me he movido de aquí, pero no me queda más remedio. El día es grís, ventoso. Me pongo los guantes y un pañuelo que me tapa prácticamente todo el rostro.
Al llegar a Sedaví, el Ángel de la Guarda pone en mi camino a la persona que me puede ayudar en el banco. Ha salido a dar una vuelta y fumarse un pitillo. Me dice que la espere en la puerta. Doy zancadas hasta llegar hasta allí. Me refugio en la zona de cajeros. Llega un joven si protección, tosiendo y maldiciendo. Llega un hombre de mediana edad. Llega Rosa y les dice que esperen todos en la parte de fuera que yo estaba primero.
Soluciono lo del banco. Apenas me cruzo gente en la calle. Una señora muy bajita que pasea dos perros, un coche de la Guardia Civil. La chica que sale del horno con un montón de barras de pan. Compro dos barras en el Don. Lorena me sonríe desde el otro lado de la improvisada mampara que le han puesto para vender. Entro en el talibán y compro champiñones. Bigotis se empeña en que me lleve una caja de fresones para casa, para Rubén. Que no, hombre, que no quiero fresones, solo champiñones.
Cojo el coche y llego a La Matandeta en un pisplás. Madre del Amor Hermoso. Qué bien se está en casa.


El resto de la semana es de mucho trabajo. Yo delante del ordenador con mis alumnos, intentando no perderlos. Helena delante del suyo cerrando la contabilidad. Hablamos con el abogado, con la gestora, con los bancos. Vamos a por el erte. Nos leemos el Real Decreto.  Voy a por el alumnado.
Llega el viernes. No hay manera de entrar en Aules. Paso la mañana trabajando sin conseguir apenas resultados. Yo no envié mis naves a luchar contra los elementos. Llega la tarde. Se rompe el grupo electrógeno con el que nos fabricamos nuestra energía eléctrica. El mecánico no consigue arreglar la avería. No tendremos luz, ni agua, ni wifi, ni teléfono hasta el lunes como mínimo. Pero yo ya estoy en mi epicentro cuando Helena se viene abajo. Menos mal que no nos da a todos al mismo tiempo.
Helena llora  de impotencia y yo la hago reir.
Me pongo el anorak y le anuncio: Me voy. A dónde, madre. A Paris! Sacré bleu! A dar una vuelta por La Matandeta. Solo tenemos siete mil metros. Y consigo distraerla durante un rato... 

domingo, 22 de marzo de 2020

QUERIDA KENZA





                                                                                    El horror, siempre el horror
                                                                                       
                                                                                            El corazón de las  tinieblas
                                                                                                  Joseph Konrad


Mi muy querida Kenza Lamuasni:

En toda  la noche no ha dejado de llover. Era una lluvia con una  cadencia  silenciosa. Más parecida a la nieve que a la propia lluvia. La nieve, la única vez que la vi  al amanecer fue en Fontanars. Nos acostamos y al día siguiente  había casi un metro. Fue un espectáculo maravilloso. Todo quedó paralizado, como suspendido en el tiempo. Y mira que es difícil suspender el tiempo. Pues, eso, la lluvia le ha puesto un silencio elocuente a toda la noche. A las dos de la madrugada me desperté y me puse a pensar. Pensar mucho es malo para la salud y la felicidad.
Me preguntas qué opino acerca de la decisión del rey de tu país de  cerrar las fronteras ante la crisis que azota Europa. Ese  mismo rey que os tiene metidos todavía en un poder feudal...
El sábado estaba en Vinaròs. Me había quedado el fin de semana porque  arrastraba una infección de orina, un resfriado y el final de la evaluación. Estaba cansada. En La Matandeta esperaban poco trabajo y Manuel  iba a estar lejos. Había limpiado el minúsculo apartamento en el que vivo y compré un poco de comida en el supermercado que tengo enfrente. 
Cuando puse la  televisión y oí que declaraban el estado de alarma, sin cambiarme  de ropa, sin recoger siquiera las medicinas que tomo, salí disparada hacia la estación de tren en busca del primero que me llevara junto a los míos.
Llevo desde el sábado encerrada en La Matandeta. Cuatro días de bajón. Hay amigos que me preguntan dónde andan mis amaneceres.
El miedo te paraliza. Igual que la esperanza. El miedo porque crea pánico ante lo que vendrá. La esperanza porque crea ilusión en que algún día las cosas cambiarán.
Si no fuera por mis hijos y por mi jefa en el instituto, María Teresa Ulldemolins, no hubiera sido capaz de salir del bucle.
El miedo es una más de las emociones de la condición humana. La información desaforada produce miedo, Ya lo dijo Maurice Duverger en Las dos caras de Jano, demasiada información es nula información. Un libro que me obligaron a leer en la Facultad de Derecho el año 78 y que tengo completamente subrayado. Hace un día que solo escucho los informativos. El resto, pongo música.
África lleva decenas de años con pandemias que nunca declarará  la OMS. África es un continente desahuciado a pesar de poseer las mayores riquezas naturales del mundo.
El miedo nos acostumbra a que nos manden y, una vez más, a la incertidumbre de vivir. No nos gusta la incertidumbre de vivir. No nos gusta la inseguridad. Pero al miedo hay que plantarle frontera.
El miedo se ceba en ti y destruye tu vida. A mi no me da miedo el corona virus. Me produce horror lo que vendrá después ....
El horror, siempre el horror. Y Joseph Konrad. Qué lástima que mi capacidad de análisis no dé para más.
Me preguntabas por la decisión de tu rey sobre el cierre de las fronteras. Saca tú las conclusiones. Y sigue rezando a tu Dios, tú que tienes fe.
Te quiero.


viernes, 21 de febrero de 2020

CARNAVAL, CARNAVAL




El carnaval precede a la Cuaresma, el frío al calor en Vinaròs. Para algunos, el origen del carnaval se encuentra  en la  representaciones teatrales al dios Baco, en la antigua Grecia, las bacanales, seguidas de orgías y desenfreno. Pero  yo prefiero la teoría de Mijail Batjín, ruso estructuralista que  se internó en la cultura popular de la Edad Media y el Renacimiento. Según él, el carnaval no era una forma artística de espectáculo teatral, sino una forma concreta de vida que se desarrollaba durante el tiempo de carnaval. Todo estaba permitido. El rico se disfrazaba de pobre y el pobre podía ejercer de  rico.
 Los conflictos de diferencia  de clases perdían poder. Los cánones impuestos por la sociedad, saltaban por los aires y la Iglesia y el poder se ridiculizaban sin miedo a represalias.


Durante el carnaval se echaba mano del escándalo, de la extravagancia y de la sátira. Lo respetable era cuestionado, las normas que regían el mundo medieval y renacentista eran aparcadas durante esos días. Un mundo creado en contraposición al discurso oficial. Para Mijaíl Batjín, el carnaval desacraliza la verdad oficial a través de la construcción de este mundo al revés y lo consigue mediante la subversión de los valores imperantes en un determinado momento histórico.


Según Batjín, el espacio del carnaval durante la Edad Media y el Renacimiento constituía un ambiente en el que las expresiones orales gozaban de absoluta libertad. Y esa sensación de absoluta libertad sea quizá la  que no le gustó al franquismo, que lo prohibió en zonas como estas de Castellón. Del carnaval de mi infancia, solo recuerdo el de Tenerife a  través de la  televisión en blanco y negro.
La plaza pública, ese espacio abierto en el que convivían  los participantes y en donde todo estaba permitido, fue abolido por la dictadura. No hubo manera de equilibrarse las relaciones jerárquicas entre los individuos en la plaza pública, tal como nos había llegado desde el  Medioevo. Franco no toleró esa forma de comportamiento.


En la noche del pijama de Vinaròs, vuelve a  reinar el espíritu del Medioevo. Las  clases y las edades se mezclan con el humor y la risa. Carnavales  en Vinaròs, fiestas de interés turístico autonómico. Una forma de vida diferente, durante unos días, al lado del Mediterráneo. Lástima que me tenga que  ir esta vez. Tengo un compromiso ineludible. Este sábado, en La Matandeta, se casa Micalet.
Salve y ustedes disfruten de los carnavales.




martes, 28 de enero de 2020

CORMORANES



                                                                          El niño que imita al cormorán es aún más 
                                                                          maravilloso.

                                                                                                Kobayashi Issa
                                                                                       


Volvieron los cormorares a la  platja del Clot y el mar dominical estaba  en calma, plano y tranquilo, como si tres días antes no hubiera  sido capaz de enseñar las garras, la rabia, que le  hizo escupir sobre la primera línea de playa, olas de ocho metros, espuma amarilla, restos de basura  tirados desde los barcos, quién sabe cuántos días, cuántos meses antes. 
Miguelito barría la terraza de La Lola el domingo por la mañana, a primera hora del amanecer y me contaba que entre él y su hermano limpiaron la playa de arriba, la que tiene la caseta cerrada, por donde andan sueltos los gatos cuando esperan las sardinillas del pequeño.



Raramente paso  un fin de semana en Vinaròs, pero se dieron unas circunstancias que tuvieron que ver con la borrasca Gloria y que ahora no voy a  relatar. Pero me quedé aquí y bajé a la playa a ver amanecer y me acerqué hasta el Mozart, donde Sergi, el dueño, ya sabe cómo me gusta el café  con leche de la mañana, el único que el cardiólogo ha decidido permitirme, aunque no es precisamente el café el mejor  de los placeres que me  ha vetado.


De vuelta doy un largo paseo por el espigón. Desde la punta se divisa Peníscola. Cruzo el puerto por la plaza de toros, la más cercana al mar de todo el mundo, me anunció Remei en julio pasado, cuando supe que pasaría un curso junto al mar. Alcanzo la platja del Clot, ya sin Miguelito, que terminó sus quehaceres en la terraza de La Lola y emprendo el paseo hacia el Barranc d'Aïguadoliva.
Diviso el resto de colonias de cormoranes sobre sus rocas. Los cuento. Siempre hay el mismo número sobre los peñascos.

 

Cormoranes, cuervos marinos. Me pregunto por dónde andarían cuando las olas de ocho metros ladraban sobre la orilla. Dónde se refugiaron para seguir viviendo. Qué comieron durante esos días. Cómo consiguieron sobrevivir.


También me pregunto si seguirá habiendo gente obsesionada con tener un apartamento, una casa, en primera línea de playa. Pisando el mar. Como los cormoranes, los cuervos marinos de estas aguas.
Salve y ustedes lo pasen bien.



domingo, 5 de enero de 2020

LA VIDA QUE TE ESPERA





                                                                     A  Pilar Bornay



Constantemente, la gente me regala historias. Yo no me las invento. Me limito a transcribirlas.
Hace aproximadamente un mes, antes de  comenzar la Navidad, coincidí en el tren del domingo, a las seis y media  de la  tarde, camino de Vinaròs, con una chica  que  tenía  que bajarse en Benicarló. El vagón estaba vacío. Y nos acercamos la una a la otra, con  esa intimidad que saben compartir las mujeres, incluso con las desconocidas
Sarabel empezó a relatarme que nació en  el pueblo del alcalde, Zalamea de la Serena, en Extremadura .Allí vivió, la mayor de cinco hermanos, hasta los dieciocho, edad  con la que se  fue a Madrid.
Entró  a trabajar  en  una  cadena hotelera y  conoció al que, cuatro  años después, sería su  marido y padre de  su hija.
Sarabel  no le pedía mucho a la vida. Un piso, una niña de cinco años, un  marido  guapo  y trabajador. Pero un día, y sin venir a cuento para ella, la vida se desmoronó. Pedro había decidido  dejar  de llevar una doble vida. En un mes estaban divorciados. Sarabel se quedó con su hija, una hipoteca y viviendo en Madrid. Me cuenta que le salieron llagas  en los ojos de tanto llorar. Su madre quería que volviera  a Extramadura, pero ella ya  no se veía allí.
Una buena mañana se planteó en qué parte del mundo le gustaría  morar. Junto al mar. De pequeña, Sarabel había pasado  unas vacaciones en Peníscola y se dijo que por aquella zona. Vendió el piso, saldó la hipoteca y pidió el finiquito en la cadena hotelera. Sabía que, en caso de no encontrar  trabajo en la costa mediterránea, tenía suficiente dinero para resistir un año entero, con su hija y sin conocer a nadie.
Se alquiló un piso en Benicarló y al mes ya  estaba  trabajando. Empezó  a salir con otros hombres, pero tenía muy claro  que quien aceptara una relación con ella, también debía aceptar a su hija.
A los seis meses conoció a Ximo, se entendieron enseguida. Ximo es su segundo marido y padre de su segunda hija. Tienen un negocio  de herboristería  en Benicarló. Sarabel ha terminado el grado de  Nutrición y Tecnología de los  Alimentos en la  Universidad.
Se despide de mí con un abrazo y diciéndome que si llega a saber la vida que le esperaba  en Benicarló, no hubiera derramado ni una sola lágrima por lo que perdió  una vez en Madrid.
A ver si nos aplicamos la reflexión.
No llores más. Aún no sabes  la vida  que te espera.
Salve y ustedes lo pasen bien, mientras pasa el Gloria que en Vinaròs, como en muchos otros lugares de la costa, está dejando un paisaje triste, gris  y desolador.




sábado, 4 de enero de 2020

UNA CENA EN FEZ



  Puede que la medina de Fez encierre la ciudad medieval más hermosa del mundo, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Llegamos a la Puerta Azul sobre las siete de la tarde, ya oscurecido. El taxista que nos iba a conducir hasta el riad Al Pacha se puso a discutir con el policía que le increpó por haber aparcado delante de la puerta de la mezquita. Tan enzarzados estaban en su controversia que ni  se dieron cuenta que nos llevamos las maletas hasta el carro de un anciano que se ganaba la vida transportando los enseres de los turistas. Cruzamos callejuelas laberínticas en medio de las paradas de verduras, de frutas, de dulces, de pequeñas carnicerías que tienen animales vivos, a punto de ser sacrificados mirando a La Meca por el primero que los compre...  Todas ellas menos concurridas que las de Marrakech.
Cuando llegamos al recibidor del riad, nos despachamos con la noticia de que nos han cambiado la habitación a otro, situado muy cerca y de la misma propiedad. Carmen, al contrario que yo, es muy organizada. Hizo la reserva con dos meses de  antelación.


Pero Mohamed nos dice que el otro, ubicado, apenas a  diez metros en la misma callejuela, es mucho mejor, más tranquilo, aunque el  desayuno y la  cena serán en El Pachà. Han mareado a Carmen durante días con  las tarjetas de crédito. Le rechazaron hasta tres. Total para querer cobrar en metálico. En todas  partes hemos  tenido que pagar con dirhams o, a lo sumo, euros.
El nuevo riad es también muy bonito. Con la decoración árabe. Como el Corán prohíbe la representación de animales y personas, desarrollaron mucho la caligrafía, que aparece en todas la escayolas. Salvo los sufíes, turcos y persas, por eso tenemos en La Alhambra el Patio de los Leones.



Mohamed, que debe tener veintidós o veintitrés años, aguanta estoicamente, toda la retahíla de quejas que le lanza Carmen, añadiendo a sus comentarios Pero si tú eres simpática.... Qué más da que la cama sea de matrimonio, ¿no sois hermanas? Amigas como hermanas. Yo soy más práctica y le sugiero que al menú de  la noche, añadan una ensalada marroquí de regalo, por el cambio. Así será.




Tras la cena a base de la regalada ensalada, la harira y las pastillas, dormimos como reinas. Fez  tiene fama entre los marroquíes por su gastronomía. Doy fe de lo bien que  se come en esta ciudad. Y al día siguiente nos echamos a las callejuelas a comprar especias, a llenarnos de  olores y sabores como si nos hubiéramos metido en un cuento de las Mil y una noches. 












Visitamos la Mezquita Kariuán, que lleva el nombre de la ciudad tunecina porque Fátima, la piadosa y rica mujer que la mandó construir, era de allí. Aquí se ubicó la primera universidad multidisciplinar del mundo y, aunque como en todas las mezquitas árabes no nos dejan entrar, hacemos fotos del patio. Hoy es viernes, día semanal de fiesta en la religión musulmana y numerosos fieles acuden a rezar.





Hace días que le  estoy dando vueltas a un problema que he creado yo misma. Kenza Lamouasni nos llevó a un centro comercial en Marrakech. Compré tal cantidad de  botellas de aceite marroquí para La Matandeta, que va a ser difícil que las pueda llevar en la  maleta. Solo tengo una posibilidad de que alcancen  su destino, sanas y salvas,  y esa posibilidad se llama Boro Borcha.
Él salió de Valencia en coche, rumbo a Marruecos, el pasado veintiséis  de diciembre, con dos amigas. No hemos hecho el mismo recorrido, pero esta noche nos encontraremos en Fez, si ellos consiguen llegar  sin ninguna vicisitud.



Tenemos una cita en el Hotel Batha, donde se hospedan, a las nueve. Mientras tanto, después de comer un bocadillo mixto en un puesto de la medina, yo me voy para el hammam. No un hammam turístico, sino el público, donde acuden las mujeres de esta ciudad. Me acompaña Fátima, la dueña del riad, quien negocia el precio con la anciana que lo regenta. El hammam está lleno porque es día de fiesta. Las mujeres, sus amigas y sus niñas, con el jabón negro, restriegan sus pieles con la manopla típica de estos baños, al que acuden una vez a la semana. No he llevado nada. Una joven me ofrece jabón, una manopla y champú. Al cabo de media hora, decido que  ya he terminado mi limpieza corporal y me preguntan todas por qué me voy tan pronto. Mientras me cambio, otra mujer me regala medio plátano del que está comiendo.


Boro Borcha es la persona más generosa que he conocido en mi vida. Se cruzó en mi espacio en un momento muy difícil para mí y, como es un embaucador nato, me dio la ilusión necesaria para auparme del pozo en el que me había metido. Siempre le estaré agradecida y siempre será mi amigo.
Como un caballero que es, me resuelve el problema de las botellas de aceite. Las llevará en su furgoneta hasta La Matandeta. Y nos invitará a cenar junto a Victoria y Reyes Sancho-Tello, que viajan esta vez con él por Marruecos.
Al día siguiente, nos levantaremos a las cinco y media. Nuestro avión sale a las ocho. Y una vez más tendré pruebas de que Dios no existe, pero sí el Angel de la Guarda. Ya sentadas en el taxi, Carmen me preguntará si tengo el dinero preparado para pagar la carrera. En el último momento, me daré cuenta de que mi cartera ha desaparecido y corriendo, corriendo la encontraré en la cama  del riad, olvidada.
En el aeropuerto coincidimos con Joan Ribó, alcalde de Valencia. Pero esa es otra historia.
Salve y ustedes lo pasen bien. Ah, y feliz rentrée.

viernes, 3 de enero de 2020

AMANECER EN EL DESIERTO




                                                                     Camina  en el desierto, entonces notarás el valor  del                                                                             agua.

                                                                                                Desierto
                                                                                 
                                                                                          J.M.G. Le Clézio


     En el desierto de Merzouga, muy cerca de la frontera con Argelia, el campamento en el que  nos hospedamos tiene wifi y calefacción, que no funciona. El desierto ya no es lo que era. Me siento como una guiri invasora de  una realidad edulcorada. La cena es suculenta y después hoguera y tambores. Me imagino el Sacromonte lleno de americanos intentando bailar flamenco. Lo que hay que hacer para seguir adelante. No me gusta este desierto descafeinado y lleno de comodidades. Es más, no conozco otro.
Al día siguiente, nos levantamos a ver el amanecer. Aparece el sol a las ocho y cuarto. Y yo le añado la banda  sonora de Here comes the sun, de los Beatles.
Anoche nos dieron la posibilidad de volver a donde se encuentra nuestro mini-autobús a lomos de  dromedario . El resto del grupo decide que no. Hará mucho frío. Ya montamos ayer en dromedario. Pero yo persisto y a las ocho y media emprendo paseo con Mohamed, nuestro porteador de ayer. Un joven de veintiséis años que nació en una familia nómada, cerca de Ouarzazate.


Como Mohamed habla mal el  inglés y yo también, nos  entendemos a  la  perfección. Me explica que son cuatro hermanas  y cuatro hermanos. Que el trabaja  llevando arriba  y abajo dromedarios desde hace dos años. Pero es un empleo de temporada. En  verano, con temperaturas  de cincuenta  grados durante  el  día, el turismo  que llega hasta el desierto  es  nacional. Los precios son muy bajos.


Encontramos un par de  pozos y me dice que el  agua se encuentra  a  siete metros  de  profundidad. ¿Tan poco? Que las lluvias llegan en septiembre y octubre. Y que la  frontera  con Argelia, marcada  por el desierto, no está  bien delimitada  y es peligrosa. Hay piratas  del lado de Argelia.
Mohamed es un chico de mirada dulce que intercambia número de teléfono con los turistas.
Nos encontramos botellas  de plástico, latas abandonadas. Donde llega  la civilización, también arriba la barbarie.

Ha sido un paseo de una hora, a lomos de  dromedario. Una mañana soleada, sin frío ni viento. Por mucho que nos empeñemos en ser viajeros, no somos más que turistas en busca de rutas ya trilladas. Sin poder renunciar a la comodidad de nuestra  forma de vida.
Se acabó el desierto  de  los románticos. Nos vamos  para Fez.
Salve y ustedes lo pasen bien este  año  que ha acaba de comenzar. Que tengamos salud, paz y mucha  serenidad interior.