sábado, 1 de abril de 2023

EN CASA DE LA ARTISTA PILAR BRESSÓ

 


Voy a jugar. Cierro los ojos y al abrirlos me encuentro en un espacio diáfano, lleno de luz y pinturas. Predominan los colores vivos, los astros, las órbitas estelares. Doy una vuelta sobre mí misma, como si yo fuera también un planeta del sistema solar y me encuentro con un rostro anguloso, una melena blanca, brillante, unos ojos verdes y una sonrisa cálida que me acoge.


Como sigo jugando, creo que me encuentro en un apartamento del Upper West Side neoyorkino. Si me asomo a la ventana me deslumbrará el verde de Central Park y más a lo lejos, la luz brillante del atardecer sobre el río Hudson. 

Sigo con mi juego. Esta mujer, que me ha recibido hace unos minutos  en su apartamento y aparenta fragilidad, es una pintora, criada en un ambiente intelectual de gente predispuesta al arte y a los asuntos trascendentales.


Nada más lejos de la realidad. Estoy en Sedaví y sí, la casa es el hogar de la artista Pilar Bressó.


Pilar y yo somos dos chicas bien de este  pueblo de L'Horta Sud. Hace muchos años que  a las dos nos inculcaron que las  chicas bien y buenas van al cielo. Pero ambas descubrimos que las  malas pueden ir a todas partes. Y las dos optamos por lo segundo. 


Pilar Bressó, hija  de  empresarios, se formó en  el colegio  Madre  Sacramento, de Torrent. Allí  las  monjas  les inculcaron esa pátina de buenos modales. Pilar estudió Económicas  y se  casó con  su  novio de  juventud. A los  dos  años de haber  formalizado el matrimonio, su marido le sugirió que  había  llegado  el momento  de  tener hijos y nuestra artista  se  preguntó si  eso era  lo  que  realmente  quería  en  la   vida. Celebrar los cumpleaños familiares, tener una parejita, arreglar la casa para Navidad y  darle vuelta al calendario. Toda  la vida  así.
Y se  dijo que  no.
Trabajaba  en CEMEX y su enpresa  desplazaba su departamento a Madrid. Una crisis también es una oportunidad. Allí, en la  gran ciudad, se produjo la anomia. Ya no era la mujer de, la  hija de, la prima de ... Sencillamente, ya no era nadie. Y el anonimato es sinónimo de libertad.


En Madrid, emocionalmente  tuvo que  empezar de cero. Se descubrió y descubrió su  inclinación por el arte. Durante unas  vacaciones  en septiembre  del 2000 se  marchó a Nueva York nueve días para  inspirarse. El Moma, el Met, las salas  de  exposciones ... Volvió y se puso a pintar sin tregua para una exposición colectiva, ese mismo diciembre, en la Galería Madrid 2000. Llevó nueve cuadros con el título de Pilares. Cada cuadro era una estructura que  tenía que  ver con una parte de ella. Mientras, seguía  trabajando  en la multinacional mexicana, inició ese mes de octubre los  estudios en la Facultad de  Bellas Artes. Se  marchó a vivir  a El Escorial. Allí las estrellas y los  astros se perciben mejor y Pilar desarrolló su  segunda inclinación. El mundo de  la astrología.


Se instaló en Altea para cursar tercero. Pidió la  beca Erasmus y Cleveland, en el nordeste de Inglaterra fue  el destino. Después una beca escocesa la ubicó en  Edimburgo durante un año. 
Dejó CEMEX para vivir de  su arte. Un amor la introdujo en el mundo de  los mercadillos y las  ferias. El año de la crisis inmobiliaria  consiguió vivir de su pintura. Se enamoró de un capitán de la  marina mercante y pensó en instalarse en Grecia. Hace quince años volvió a Sedaví. Construyó esta casa en un solar heredado. Una casa en  la que se respira  silencio  y paz y  a la que llegan personas  de todo el mundo porque la tiene en AirB&B.
Siempre que  viene a  comer conmigo me  trae un regalo. Hoy ha sido mi carta astral. Cuando los  planetas se alinean, comienza una nueva  etapa en nuestras vidas. Yo estoy en ello.
Gracias, Pilar.



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