domingo, 12 de septiembre de 2021

EL CUMPLEAÑOS DE BORO BORCHA


 Como les  anunciaba  hace muy poco, vuelvo a escribir  en mi blog, que fuera  de  él  ya lo hice. Gracias a los amigos de  siempre  por la  paciencia  infinita en  la  revisión de lo que han sido estos últimos ocho años de  mi vida, tantos  como tiene este  cuaderno  de  bitácora. Gracias  a  las nuevas  amistades que  se  van sumando  al camino, por leerme, por seguir estos pasos y su sombra. La  vida  se presta  a la adición, no a la  sustracción.


Si, se acabó el verano estacional y comenzamos septiembre celebrando el cumpleaños de Boro Borcha. Ese  caballero  a la antigua, que corteja  a  las mujeres  desde el  corazón y no la  razón. El enamorado  del  amor. Amigo  de sus  amigos y de  la  convivialidad. Una persona  entrañable que  se  atrevió  a cruzar el foso del castillo encantado de La Matandeta. El arquitecto  que nos  enseñó Marruecos a  Manuel y a  mi, durante  doce días y  cuatro mil kilómetros. El  pare conciliador y la  mano  amiga  donde refugiamos  nuestros  miedos  durante el confinamiento  a  que  nos  obligó la  pandemia.


Hay mil y una anécdotas que  contar de este caballero andante, pero les  referiré una. Estaba yo  dando clases en  el  IES Oleana  de     Requena  y coincidí con una  profesora sustituta, Merche Tamarit, con la  que me une  ahora  una  gran  amistad. Al contarme que  de formación era  arquitecta, le mencioné a  mi  amigo, por  si  lo conocía. Boro  Borcha es el  mejor profesor que  tuve  durante la carrera.


Ximo Boronat, músico de  jazz, después de un concierto en la sala Jimmy Glass me habló de los meses  que  pasó  en la  alquería  de Boro, un refugio  de bohemios, artistas y gentes de mejor vivir. La casa  de Ovidi  Montllor  en Con el culo al aire.


La primera  vez que  vi  a Boro  en La Matandeta estaba  renegando del  arroz abanda. La  segunda, me  topé de  cara  con Els Joglars, los  había traído  nuestro ínclito amigo. Como dice Tere Borcha qué suerte  he  tenido de que me  tocara  este hermano...


Es  de ser bien nacidos, ser agradecidos. Y esta familia lo  es. Así, que  para que  septiembre nos sea un poco más  dulce y nos  prepare  para  el otoño ....


He decidido institucionalizar  el 4 de septiembre. Como el  día de  la rentrée del verano y la  fiesta de  cumpleaños de Boro Borcha. El próximo año ya les aviso. Salve y ustedes  lo pasen  bien.




jueves, 9 de septiembre de 2021

EL CLAN DE LA RIFA

 

Se acabó el verano. No el estacional, sí el de las emociones, el del tiempo indefinido  libre  de horarios y obligaciones. El de  los días largos y  las  noches  blancas para  disfrutar  el doble. En  realidad, algunos  de  nosotros, vivimos de  verano  en verano. El invierno  solo  es  una larga espera hacia ese 

 tiempo  en  que revivimos y damos  lo  mejor  de  nosotros mismos. Nuestro biorritmo alcanza así su plenitud. Se acabó el verano  sin  remisión.


Este final del verano 2021, lo celebramos en  La Matandeta  reuniéndonos los descendientes  de  la  familia Jeronis  i Riferos. La pérgola se  llenó de Baixaulis. Dos  de  ellos nacidos  en  Indiana, EE.UU.


Según el libro de  Vicente Ruiz Monrabal Els nostres avantpassats, Jerónimo Baixauli tuvo una esposa que murió de cólera en 1885. De este matrimonio, nació Francisco Baixauli Mandingorra, que se  casó  con  Dolores Verdeguer Juan, a quien llamaban La Cigarrera porque trabajaba en la fábrica  de tabacos  situada en La Glorieta, hoy sede  del Palacio de Justicia. Dolores sabía leer y escribir, cosa excepcional para  la época y más  siendo  mujer, y en nuestro pueblo, Sedaví, se  dedicaba a hacer copias de  la rifa del cupón pro-ciegos, así  que  esta actividad  le  valió el nuevo apodo de Rifera. De ahí Jeronis i Riferos.


Nuestros bisabuelos Francisco Baixauli Verdeguer  y Vicenta Llácer Comos tuvieron nueve hijos. Cinco mujeres y  cuatro hombres. De ahí  descendemos todos los que ustedes ven en la primera foto, la del grupo.



Hace justo un año, en  el verano pandémico  del 19, nos  reunimos en una comida  en La Matandeta los primos Ferran y Pepa Baixauli. Y Toni Baixauli, que  en  realidad  es  tío nuestro. Decidimos  convocar a todos los descendientes del Clan de la Rifa, es decir, a los Riferos.


El Clan de la  Rifa con el  tiempo se  fue bifurcando en  Els Xaparro, que son los primos que ustedes ven en esta foto, els Matanda, en el que me incluyo, els Valero.


Un año nos costó convocar la comida  del Clan de  la  Rifa, debido a la maldita pandemia y a las restricciones. Pero el último domingo de agosto lo conseguimos. Y a fe nuestra que  fue un  ágape cargado de recuerdos y emociones. Discurso del primo Ferrán, que para eso ha sido alcalde  de nuestro pueblo, y alguna  lágrima que  soltó el tío Toni Baixauli. La tía María, la más mayor, no faltó al evento.


Ya está bien de  vernos solo en los tanatorios. ¡Repetiremos! Ah, por cierto ... Vuelvo con  nuevas entradas. Gracias  por seguirme.


Lluis Baixauli con su  hijo Joan, nacido  en     Indiana.







  Vista panorámica  de la comida  Rifera.



Inéh Barrena, esposa  de  Lluís Baixauli con Pau Baixauli, nacido también en  Indiana. Pero qué ojos!!!!!


Manuel, Matanda, disfrutando  de  su familia  Rifera.


Helena, Matandeta, con sus primos riferos, Jaume, Lluis y Ana Baixauli


Valeros, Matanda y Xaparros.



lunes, 22 de febrero de 2021

LA BODA DE MICALET

     


                                                                                  Si te tomas las cosas a vida  o muerte, morirás                                                                                            muchas veces.

                                                                                                    Adam Smith



José Miguel París volvió a La Matandeta, justo hoy hace un año. para  celebrar con Emilio su matrimonio un día antes en los juzgados. Era  el fin de semana de  los carnavales en Vinaròs y me los perdí por estar presente. Micalet es alguien muy especial  en mi vida. Después de seis años  trabajando a mi lado en la cocina, se marchó, como el  resto, echando pestes de  mí. No esperes  ni cartas  ni llamadas me dijo cuando le di mi regalo de despedida. Un preciso anillo que creo nunca  se ha puesto.


Pero estoy segura  de que funciona la  ley del péndulo. Lo que hoy te enfurece, te  llena de  rabia, de tristeza o te hace llorar, dentro de unos años esbozará  una  sonrisa en  tu  cara  e incluso te  hará partirte de  risa. Poco  a poco han ido regresando  aquella panda  de  adolescentes que aprendieron a ser cocineros con la mujer que no quería ser cocinera: José Miguel Paris, Miguel Ángel Jiménez, Pepe Bello.  Todos ya acercándose a  la  cuarentena, con la adolescencia en la mochila de las vivencias. Este año de  pandemia trajo también lo bueno de lo malo: recuperar a mis chicos, a los que ayudé a  entrar en la  edad adulta con mis relatos, mis risas y mis neurosis. Una madre putativa que les sigue  aún hoy. Ya queda menos para que nos volvamos a reunir a celebrar la vida. Ánimo y a resistir. Aquí siempre está vuestra casa.







           

viernes, 1 de enero de 2021

LAS EMOCIONES INUTILES



                                                           A Carola Falgás


           La regla es: mermelada  mañana y ayer... Pero  nunca hoy. - Alguna vez  tendrá  que  tocar "mermelada hoy"- objetó Alicia.

                                                           Alicia a través del espejo

                                                              Lewis Carroll



He aprendido  que la temperatura  del mediodía  tiene mucho que ver con las primeras luces del amanecer. Si  son azules y violetas, la jornada será fría. Si  en los  colores del alba predomina el naranja y los amarillos, el día  será cálido. Me encanta ver amanecer.

Empieza un nuevo año. ¿Qué será de nosotros?

Yo no dejo de conocer gente nueva. En realidad mi oficio consiste en  conocer gente. Pero para el año 21 me he propuesto varias cosas.

Una de elllas es dejarme de pensar en las emociones inútiles. Las emociones  inútiles son la culpa y la preocupación. Las dos nos hacen daño y son completamente absurdas. La culpa, no tiene remedio el pasado. La preocupación, no sabemos qué nos deparará el futuro.

Hay dos días que no nos deberían interesar para nada: AYER Y MAÑANA.

Otro día seguimos hablando. Hoy estoy triste.

Salve y ustedes lo pasen bien!


                                              




domingo, 15 de noviembre de 2020

PARADA LÁCTEA EN POLLENÇA

 

 

                                                                                  Lo único que llega con seguridad es la muerte.

                                                                                               Gabriel García Márquez




Esta es la historia de  un cuadro. Mejor dicho, de la compra de  un cuadro. Y de su  pintor, que acaba de morir. Como todas las buenas historias, los relatos suculentos, las narraciones que merecen ser seguidas, no se fraguó en un instante, sino a lo largo de años. Aunque la muerte del artista fuera en un último segundo.

El cuadro se  titula Parada  láctea  en  Pollença y el artista que lo pintó Pepe Morea.

No conocí a Morea la primera vez que lo ví, un verano en la terraza de La Matandeta, sino muchos años antes. En 1984 yo acababa de  ser madre a los veinticuatro  y trabajaba  en Presidencia de la  Generalitat. Un viernes de marzo, una de  mis  compañeras, Consuelo Torres, cofundadora de  la  mítica librería Dona  en la calle Grabador Esteve y casada por aquel tiempo con Facundo Tomás, decano de la Facultad de Bellas  Artes, me anunció que aquella tarde la Valencia más puesta  y à la page asistía a la inauguración en  la Casa Museo  Benlliure de la exposición de Pepe Morea.

¿Y ese quién es? Me atreví a preguntar. ¿Que no sabes quién es Pepe Morea? Es el pintor valenciano más importante y más moderno de estos momentos.

No fui aquella tarde al evento. Pero me acompañaron unos días después a verla y me regalaron el catálogo. Nunca había visto una pintura igual. Morea  era  moderno en el sentido de novedoso. Era  una  pintura ecléctica que rezumaba movida madrileña. Al fin y al cabo, el artista había obtenido la beca Velázquez, concedida  por el Ayuntamiento de Valencia y venia de pasar dos años en Madrid en la  Casa Velázquez que el gobierno francés poseía en Madrid.


Sigo conservando el catálogo de aquella exposición y de  mi primer contacto con la pintura de Morea. Un catálogo que releo con  gusto, ahora que Morea ya  no está  entre nosotros. Un catálogo  del que el propio Morea me confesó que no conservaba ni un  solo ejemplar y que nos dedicó muchos  años después, el día de  nuestro primer  encuentro , en La Matandeta. La dedicatoria  está  escrita  con tinta de calamar. 


Terminaron los felices ochenta, se acabó la movida, la vida nocturna de Valencia cambió. Nos mudamos  de oficio y de ocupaciones. Un día en Chiva, en el restaurante Pelegrí, mientras comíamos con Rafa y Mari Carmen, me volví cruzar con la pintura de Morea y supe de la amistad con nuestros mutuos amigos.


Hasta aquel verano. Un día  apareció a mediodía  Rafa Pérez, el Pelegrí  acompañado de un hombre menudo y risueño. La terraza estaba llena y no dábamos abasto. Rafa se había quedado sin gasolina en la autopista. Creo que volvían de Alicante. Les habían ayudado, pero no llevaban dinero. Les dimos de comer y les prestamos. Tuve una señal y le pregunté al acompañante si era  Pepe Morea. Si, ¿me conoces? Si, hace muchos años que  sé de ti.


Siguieron más encuentros aquel verano. En su casa de Chiva. La casa de  un artista. Un cuarto de baño que recordaba a  Dalí. Un conejo peludo que vivía sin bajar de una en mesa. Un mejillón gigante colgando en el corral y decenas y decenas de telas repartidas por varias habitaciones, alguna de ellas sin la cuarta  pared, como en  un escenario. Y un cuadro.

Dos garzas están  paradas  en un estanque. Rezuman algo lactoso por la boca. La luna llena se refleja en el agua y el cuadro se llama Parada láctea en Pollença, porque en la isla de Mallorca lo pintó Morea. Ese fue el cuadro que  nos llevamos a La  Matandeta. Hace  poco vi las fotos de aquella noche de pintura y amigos. Sin embargo, hoy no las encuentro.

El pago de la  pintura se estipuló en tres plazos. Cumplidos escrupulosamente durante  ese  mismo verano y acompañados de tres cenas en La Matandeta, con los Pelegrí como testigos.



 Morea pasó a  formar parte de nuestros habituales. En esta familia no se resta, sino que se va sumando. David, su hijo, celebró su boda  en La Matandeta.

Pepe estuvo en el bautizo de  Manuel. Le regaló un cuadro. Manu, tu primera copa, lo títuló. Participó en la boda de Rubén y Helena. Su regalo un óleo titulado Pasión. La última  vez que nos vimos fue el día  de su enlace con Claudio. En la  casa de Chiva  no cabía  un alfiler más. Qué lástima  que todos  hayamos estado ocupados con otros  asuntos durante todo este tiempo. Ya no  habrá otra oportunidad. Buen viaje, Pepe. Un abrazo, Claudio.