sábado, 20 de abril de 2019

DE ASILAH A EL HADIDA




                                                                     Rien ne développe l'intel.ligence comme les voyages


                                                                                              Emile Zola.


Mohamed solo habla árabe e inglés. Un inglés perfecto con un bonito acento británico. Cuando le pregunto en francés por qué no se expresa en la lengua del antiguo colonizador me responde que a fuerza de estudiar en el extranjero y dirigirse en esa lengua a los visitantes de Lixus, prácticamente la tiene en desuso. Su abuelo trabajó con el primer arqueólogo español que llegó a la antigua almadraba fenicia. Su padre lo hizo con el arqueólogo francés que le continuó. El y su hermano lo hacen con arqueólogos marroquíes. En Lixus, los fenicicios secaron los atunes que llegaban del Atlántico a través de la desembocadura del Oued Loukous, los romanos preparaban garum. Lixus fue encontrado en 1911. Cuenta con un anfiteatro circular, uno de los pocos que existen en el mundo, las ruinas de un templo romano, de una mezquita que mira a la Meca y a los meandros del río. Con los restos de una villa romana que mira al mar. El arquitecto, que debe haber visitado este lugar unas treinta y cinco veces prefiere quedarse sentado a la entrada hablando con los operarios que andan muy ajetreados. Mañana llega el ministro marroquí de Cultura. Nosotros recorremos el recinto con Mohamed, que está enamorado de su trabajo. Y al fondo, el mar, las naves fenicias, los griegos, los romanos...

                                   


En el puerto de Larache, los pescadores venden el género recién descargado de las barcazas. Hay pargos fresquísimos, atunes, muchas sardinas y un pequeño tiburón. Es un puerto tranquilo, de pequeñas embarcaciones y también algunos barcos de altura. Se come bien en los chiringuitos de en frente. Pero no sirven vino. Así que el arquitecto, que también es viejo en estas lides, pide una botella de litro de Coca-Cola y la trabuca con la de vino que lleva escondida en su chaleco. Manuel y yo nos partimos de la risa. Y el niño aprende que después de eructar los árabes dicen Jabdulila!



Larache es decadente, con tanto sabor colonial que  parece sacada de una película de entre guerras. Como si esperara que de un momento a otro volvieran a aparecer los españoles a instalarse.
A diferencia de otras ciudades como Marsella, Nápoles o Casablanca, una no tiene la sensación de estar de paso, sino de haber llegado para que algo le suceda. En el Café Hispano-Marroquí, las fotos de Omar Shariff penden de todas las paredes y cuando pregunto a los camareros por qué, no saben qué responderme. El arquitecto ha conocido a unas mexicanas que están instaladas en la terraza junto a una española y dos marroquíes. La más mayor afirma que se trata del mayor actor marroquí de todos los tiempos. Pero si era armenio...


Al Hotel España, que tenemos en frente debió llegar hace muchos años un estudiante que huía de la guerra civil española. Había perdido todos sus libros de poesía y un pasaje para escapar a América. No quedaban habitaciones, pero se le cruzó en la entrada un limpiabotas cordobés, con pinta de gitano resabiado. En seguida y de un solo gesto, entendieron sus respectivas tragedias...

               




Llegamos a Rabat cuando ya han cerrado el museo de Mohamed V, ese gran homenaje a su memoria, el primer rey marroquí tras la independencia, que le dedicó su hijo, Hassan II.
Pero paseamos entre la gente, nos hacemos fotos, contemplamos la torre Hassan y Manuel juega al fútbol por segunda vez en dos días con los niños marroquíes. La infancia no entiende de lenguas ni nacionalidades. Deambulamos por la Kashba de los Oudeyas y contemplamos desde sus terrazas el océano Atlántico. Es ya de noche cuando llegamos a El Jadida.




viernes, 19 de abril de 2019

DE TARIFA A ASILAH

Cuando llegamos al ferry, de bandera malteña y llamado María Dolores  no desentonamos para nada con todos los vehículos de marroquíes que cruzan el estrecho para disfrutar de sus vacaciones con la familia. Nosotros también vamos hasta los topes. No ha dejado de llover en toda la noche y un cielo plomizo nos acompañará toda la travesía, que será accidentada. Hay que pasar el control de pasaportes dentro del barco, que parece una cáscara de nuez en mitad del oleaje. La torre de Tarifa con la historia de Guzmán el Bueno empieza a quedar lejos y el mareo y los vómitos de bastantes pasajeros están muy cerca. Estoy tan blanca, allí en la cola, que un señor se ofrece a traerme una biodramina. Han repartido bolsas de plástico negras y algunos pasajeros han empezado a utilizarlas.
Es una hora hasta llegar a Tánger y se está haciendo eterna. 
En la ciudad de los cafés, de Paul Bowles y de Goytisolo, la lluvia es pertinaz y en la aduana nos da miedo que nos quiten el jamón que nos ha pedido  Mohamed, que nos espera en el desierto. Pero pasamos el control y termina la lluvia. ¡Estamos en Marruecos! Dejamos Tánger para otra ocasión y seguimos hacia Asilah.





En Asilah, antigua  colonia fenicia y después romana, los niños gritan a la salida del colegio. Muchos vuelven a casa solos después de las clases, como hacía yo de pequeña. Hay más españoles en la  medina que marroquíes. Una  mujer tiende la  ropa en la terraza de  su casa, vestida de pies a cabeza con un burka, junto a una antena parabólica. La ciudad junto al  Atlántico recuerda a Andalucía. La medina es pequeña, luminosa, está llena de  artesanos, de pintores. Callejear por ella es la afición de esta  tarde. Cenar pescado en Casa García y descansar  para seguir ruta...


       
               



miércoles, 17 de abril de 2019

MARRUECOS EN ABRIL. DE REQUENA A LAS PEDRIZAS






                                                                            Iam mens praetrepidans avet vagar...
                                                                            (Ya mi mente estremecida ansía vagar)
                                                                                               Cátulo



Dice el sabio chino que el movimiento del tao es el retorno. Y hoy empezamos a viajar para volver. De lo contrario no sería un viaje. Sería un traslado, una mudanza, un cambio de país, de ciudad, de vida... De esto último he dado buena cuenta en los últimos tiempos. Aquí no hay vuelta de hoja, pero en cuestiones de viaje, la vuelta es el propósito último y por ello todo está en función de este propósito. Una se marcha con el fin de volver. Pero al mismo tiempo se va con el deseo de volver a encontrarse, de salirse del ámbito de lo cotidiano y evolucionar más allá de la rutina. Descubrirse en el espejo de nuevos rostros, en la visión de otros paisajes. Pero también se viaja para no aburrirse o quizás para lo contrario. Una vez acordado que vamos a volver, seguiremos el consejo de Chuang Tzu: El mejor viajero es el que no sabe adónde va. Porque no se fija metas, ni teme los imprevistos, ni se siente intimidado por el fluir de los acontecimientos.
Se viaja para aprender y para aprehender. Para focalizar diferentes estilos de vida al nuestro. Para iniciarnos en la vida o para ir despidiéndonos de ella.
Hoy miércoles, 17 de abril, por la gracia de los Dioses del Olimpo, de Jesucristo y de Alá, emprendemos ruta hacia el Gran Sur. Serán doce días de viaje. Desde la puerta del IES  Oleana de Requena hasta... casi cuatro mil kilómetros en coche.
En la ruta, tres personas. Una muy joven, que empieza a descubrir la vida, la suya y las nuestras. Otra, con más de cuarenta años de viajes por el reino de Mohamed VI. En el centro yo, que solo estuve dos veces en Marrakech y dos en Essaouira. Nunca hemos convivido los tres tantos días, tantas horas, tantos kilómetros... La aventura apunta en muchas direcciones.
En una ocasión escribió Stevenson, que murió en las islas Samoa, en el Pacífico Sur, De mí sé decir que no viajo para ir a ninguna parte, sino para ir. Viajo por viajar. La cuestión es moverse.
Iniciamos la aventura esta tarde, si lo desean pueden acompañarnos a través de las crónicas de este blog, de este relato. Bienvenidos abordo y buen viaje.


   
                               



  

domingo, 7 de abril de 2019

MARÍA ASUNCIÓN MATEO

Marisu, al principio, parece fría, distante. Pero en seguida me doy cuenta de que se trata solo de timidez. Así que le cuento que no nos vimos por primera vez en La Matandeta, sino en el zoo de Valencia. Hace más de veinticinco años.¡ Ah1 Sí, el burro, responde. Ignacio Docavo era sobrino de  Rafael Alberti. Vinieron a donar un burro de Rute. Aquella mañana yo estaba allí. La abordo directamente, delante de una bandeja de langostinos. ¿Cómo conociste al poeta? Entonces su cara se ilumina. Es una mujer guapa, muy guapa. Los niños gritan, corren. Es día de cumpleaños. Sus nietos celebran. Unos nietos, mitad persas, que comparte con el arquitecto, con el que a su vez, yo comparto la vida, a ratos.
¿Cómo conociste al poeta? En Baeza, en el homenaje a Antonio Machado. Yo buscaba a Dámaso Alonso y me dí de bruces con él. Le pedí un autógrafo. Tenía treinta y ocho años, él casi ochenta. Después vino a Valencia. La exposición de Matta, su amigo...
Los niños ríen, se divierten. Me acuerdo de la primera vez que me llevó al Prado. Una mañana de lunes. Fuí con mis hijos. Me explicó los cuadros. Las Meninas. Para mí, profesora de literatura , fue como si estuviera con Góngora o Lope de Vega....
La mirada de Marisu se transforma. Han pasado más de veinte años desde su muerte y sin embargo, la viuda de Rafael Alberti sigue refiriéndose a él, completamente enamorada.
Me hablaba de Miguel, de Federico... Era tan fácil vivir con él. Fui a la residencia en donde se encontraba  María Teresa León, a conocerla, ya muy enferma de Alzheimer. 
Marisu sigue viviendo en El Puerto de Santa María. Escribe, lee, la invitan a conferencias para que hable del Marinero en tierra. 
No sé si debo ir a Roma... Pues claro que sí. Yo te llevo las maletas. Los niños silban. Les han regalado un pito y los mayores no quieren que hagan ruido. Contradicciones. Llega el mago. Se interrumpe la conversación, no sin que antes nos hagamos confidencias... Me cuenta anécdotas de Saramago y su mujer, Pilar del Río. Me habla de la noche que María Kodama, viuda de Jorge Luis Borges, fue a cenar a su casa. Le pregunto cómo son Paco Ibáñez, Nuria Espert...
Marisu, Maria Asunción Mateo. ¡Qué ganas tenía de hablar con ella!



jueves, 28 de febrero de 2019

UNA COMIDA CON ALBERT BOADELLA


Cuenta la leyenda que se encontraron al borde de un lago la furia y  la tristeza. Hacía mucho calor y decidieron tomar un baño. Para ello se despojaron de sus ropas, la furia y la tristeza. Las aguas eran verdes, limpias, cristalinas y allí retozaron durante un buen tiempo la furia y la tristeza.
Llegó el atardecer y la furia decidió salir la primera. Sumida en su confusión y en sus prisas tomó la ropa de la tristeza. Un poco más tarde, salió del baño la tristeza y como no había otras ropas, se vistió con las de la furia. Por eso, dicen, que andan  desde hace demasiado tiempo, confundidas por el mundo, la furia y la tristeza.

                                                                              Y al final de la resaca, apareciste tú.

                                                                                                           Odiseo.

El arquitecto siempre tiene propuestas interesantes. Ven estas Navidades a recorrer Marruecos. No le respondo. Solamente le sonrío desde el fondo de mi furia y mi tristeza. Y me marcho con Carmen a Madrid a pasar la Nochevieja. Nunca me había comido las uvas en un teatro. El espectáculo se desborda desde el escenario y sube hasta el último palco. Detrás de nosotras, unos chicos de Paterna. ¡Vaya por Dios!
Cae enero del calendario. Y el arquitecto persiste. Vente conmigo a Berlin. Ya he estado en esa ciudad. Si, pero nunca la has visto a través de los ojos de un arquitecto. No respondo. Sonrío ya sin furia, ni tristeza.
Llega febrero. El mes que inventaron los romanos. Albert Boadella interpreta en el Talía. Y el arquitecto continúa Va a venir a mi casa. Te vienes? Yo no respondo. Solo sonrío sin furia ni tristeza
Y arrastro conmigo a mis amigos Xavier Marí y Joan Roig, que acaba de volver de La Habana por unos días.


Cuando llegamos, no está Albert Boadella, al que hemos visto actuar la víspera, en el Talía, el arquitecto y yo.
Cependant, nos da lo mismo. Ha venido la directora de la obra de El sermón del bufón, Martina Cabanes que nos cuenta tantas cosas sobre el bufón y Els Joglars  que nadie los echa de menos.
Cae la tarde, la noche. Cae el mes. Y el arquitecto proyecta. Vente conmigo a Marruecos, a Berlin, a Estambul...
Yo... Solamente sonrío.