domingo, 10 de diciembre de 2023

PARIS ES UN ESCENARIO


También he visto de verdad Paris. Aunque haga años que ya no vivo en esa ciudad, tengo siempre la sensación de continuar estando allí. Recuerden el eslogan de mi ídolo de juventud, el escritor Hemingway: "Quien ha tenido la suerte de vivir en ella cuando joven, luego Paris le acompaña, vaya a donde vaya, todo el resto de su vida".

                     Paris no se acaba nunca 

                     Enrique Vila Matas


Me lo plantearon mis alumnas de Primero de Bachillerato del curso pasado que viajaron a Paris. Me lo ha preguntado Luis Cases esta mañana: Por qué las terrazas de Paris miran a la calle?







Para mi, la respuesta es que Paris es un escenario en el que siempre ocurren cosas. La gente no va para que la miren, sino para mirar cómo se representa la vida en toda su diversidad. Estamos a siete grados y, salvo que diluvie, la gente, bien abrigada, se sienta en las terrazas en las que no hay estufas porque, como dicen los alemanes, no hay mal tiempo, sino gente mal vestida.








En las calles de Paris tuvo lugar la revolución más importante de Occidente, la que cambió la forma de entender la sociedad. Aquí ha corrido mucha sangre contenida en novelas y obras de teatro. Si, estoy de acuerdo, Paris es un escenario.
Y esta tarde-noche tenemos una cita que, al fin y al cabo, era el motivo por el que estamos aquí.
Si Paris bien vale una misa, también vale este encuentro.
Salve y ustedes lo pasen bien.


sábado, 9 de diciembre de 2023

LOS CAMAREROS DE PARIS





                 ... el Café de Flore, donde trabé una fugaz conversación con Roland Barthes, que me contó que, después de treinta años de ser cliente del bar, la cajera del local le había visto en televisión y se había enterado de que era escritor y le había pedido un libro dedicado y él había decidido -puesto que ella le había visto en algo tan visual como la televisión- regalarle "L'empire des signes", el único libro de los suyos que estaba profusamente ilustrado.

                 Paris no se acaba nunca

                Enrique Vila Matas

Llueve, llueve y llueve. Qué sería de Paris sin la lluvia. Y sin los cafés. Decía George Steiner que la idea de Europa había surgido de sus cafés, en ellos se había leído, se había escrito y se había discutido hasta la saciedad. 

Le propongo a Carmen ir a comer a Le Procope, el café más antiguo de Paris, abierto en 1686, en cuyas estancias tuvo lugar el encuentro entre Danton y Robespierre y donde Andrej Wajda rodó la escena de su película Danton. Pero está lleno desde hace cinco semanas.

Nos vamos a la Rive gauche, y el libro de Herbert Lottman resuena en mi cabeza. Cuánto y qué bueno se escribió en los cafés de esta orilla del Sena.

Ser camarero en Paris sigue siendo una profesión que ya desapareció en muchas otras ciudades del mundo, incluida Valencia. A waiter in Paris es un libro que he visto en un escaparate y que me debería haber comprado, pero ya no me caben más en la maleta de cabina. 


Y volviendo al Café de Flore, lo he hecho, lo he vuelto a hacer igual que la primera vez que estuve allí. Me da vergüenza confesarlo, pero una fetichista literaria como yo, no lo ha podido evitar. Claro que al precio que cobran la infusión...

Salve y ustedes lo pasen bien.



viernes, 8 de diciembre de 2023

UNA FOTO EN LA TOUR EIFFEL

Ahora, voy a contaros cómo yo también estuve en Paris, y fui dichoso.                                                             Era en los buenos años de mi juventud.

Jaime Gil de Biedma


Tenía dieciocho años. Había estado tres dando clases particulares y sin gastar ni una peseta. Todo el dinero lo guardaba en la cartilla de ahorros que mi padre había abierto a mi nombre cuando nací. Carmen le solía decir a su madre: María Dolores es tan ahorradora que no se compra ni pipas.

Yo tenía un objetivo: Quería ser escritora y vivir en Paris. Los sueños no se cumplen, los sueños se trabajan.

Mi madre no podía entender mi naciente pasión por los viajes. Cuando seas mayor de edad, irás donde quieras. La mayoría de edad era a los veintiún años y mi madre debería pensar que aquello todavía quedaba muy lejos y quizás para entonces ya se me habría quitado la idea de la cabeza.

Pero en estas que murió el dictador y todo cambió y se aceleró. Y nosotros cambiamos con el país. En noviembre había cumplido dieciocho años, tenía novio y ese verano del 79 estaba dispuesta a salir al extranjero.

Compré el billete de Interrail con mis ahorros. Mis amigos, los hermanos Tortosa no tenían claro que fuera. Y yo insistía en que nada iba a impedir que viajara.

Una semana antes de la partida, mi madre anunció el plan de vacaciones para toda la familia y yo comuniqué el mío. La que se lió. Ella no hacía más que repetir que yo estaba drogada. Mi padre puso un dedo sobre sus labios y me indicó silencio. Mi madre no me soportaba, mientras que mi padre me adoraba.

Salí un sábado en bicicleta de lo que ahora es La Matandeta y entonces la granja. Mi padre estaba dándo de comer a los animales. Sacó su cartera y me dio siete mil quinientas pesetas. En nuestra casa de Sedaví dejé la bici y recogí mi mochila que pesaba un quintal.

Salimos de España: Venecia, Grecia, Belgrado, Rumanía... Al terminar la estancia en Bucarest, nos separamos. El ambiente entre nosotros era insoportable. Yo seguí con mi novio hacia Budapest. Allí cogimos el Orient-Express hasta Paris.

Paris! Por fin Paris! La de veces que había soñado con aquella ciudad. Al día siguiente fuimos hasta la tour Eiffel. Yo no tenía cámara. Le pedí que me hiciera una foto y al estudiante de periodismo, intelectual e incipiente escritor que jamás me preguntaba por lo que escribía yo, no le dio la gana hacérmela.

Lloré de rabia e impotencia. Lloré como si todo el mundo que yo tenía en mi cabeza se desintegrara como pompas de jabón. Y ni aún así me hizo la foto en la tour Eiffel.

Dos años después lo dejé. Con el tiempo, la vida me ha enseñado  que las flores que más me gustan, son las que me regalo yo.

Salve y ustedes lo pasen bien.



jueves, 7 de diciembre de 2023

UNA CITA EN PARIS


El pasado, decía Proust, no sólo no es fugaz, es que no se mueve de sitio. Con Paris pasa lo mismo, jamás ha salido de viaje. Y encima es interminable, no se acaba nunca.

   Paris no se acaba nunca                                          Enrique Vila-Matas



         
Soy una fetichista literaria. No tengo remedio. Y si hay una ciudad en el mundo donde mi fetichismo se explaya y alcanza su grado máximo, esa ciudad es Paris. 




Hacía doce años que no pisaba esta ciudad que tanto me gusta y en la que me siento como nadadora en el agua porque conozco muchas historias de los heridos, como yo, por la literatura. Estuve cinco semanas y me marché con la sensación de que mi vida no volvería a ser igual. Que había un antes y un después de aquella estancia. Y así fue.

Pero, aparte de alimentar mis aficiones literarias, he venido porque tengo una cita. Me acompaña mi amiga del alma, Carmen Minguet. 

Estoy tan cansada que mejor les explico lo de la cita mañana.

Salve y ustedes lo pasen bien.









          


domingo, 3 de diciembre de 2023

Y DE LA HABANA HA LLEGADO...

 


        ... porque la vida se ríe de las previsiones y pone palabras donde imaginábamos silencios y súbitos regresos cuando pensábamos que no volveríamos a encontrarnos.

                                           El viaje del elefante                                                                                                                                        J. Saramago                                 

                     


He contado varias veces en este blog cómo conocí a Miguel Ángel Jiménez. Yo andaba por los treinta y seis y me había hecho cargo de la cocina de La Matandeta. A la fuerza ahorcan. Siempre me gustó cocinar, pero una cosa es hacerlo en tu casa para la familia y los amigos y otra convertirla en profesión. La gente suele confundir el culo con las témporas. Y yo ¿qué confundí? ¿Una vida entera?

Necesitaba un aprendiz En la Escuela del Aprendiz, antes San Vicente Ferrer, en La Torre, me dediqué a poner carteles ofreciendo trabajo para los fines de semana. Tal como yo los ponía, un jovencito de dieciséis años que había iniciado los cursos de cocina, los iba quitando para que ningún compañero le birlara el sitio. Vino a La Matandeta con su motocicleta recién estrenada, lo recibieron mi padre y Willy, su perro. Y él supo que había encontrado su lugar.

Cinco años después, muchos banquetes servidos, muchas historias narradas y mucho desgaste, se marchó echando pestes de mí y diciéndose a sí mismo que nunca más volvería a verme. Aquel último sábado, mi padre gritaba:¡Este es mi nieto! ¡Mi único nieto! 

Bueno. Dice Woody Allen que la comedia es tragedia más tiempo. 

Durante la pandemia, una madrugada en que yo no podía dormir, me encontré en una de las entradas de mi blog, con una carta suya. Fue un regalo muy hermoso e inesperado. En cuanto pudo salir de Cuba, donde lleva instalado doce años, vino a verme y hablamos como si el día anterior hubiéramos estado tomando café o discutiendo en la cocina como tantas veces. Ninguno de los dos había perdido los códigos.

Ahora Miguel Ángel es chef corporativo de los tres hoteles cinco estrellas que la cadena Iberostar  tiene en La Habana y protagoniza un programa de cocina en la televisión cubana del que se encuentra grabando la tercera temporada. Esta vez se llamará Sabe a Cuba. Para ello recorre la isla entrevistando a sus gentes. Entre ellos, el cantautor Silvio Rodríguez.

En febrero sigue con la grabación. ¿Te vienes y me ayudas con el libro? Me sugiere. Yo sonrío y pienso: No me tientes, no me tientes...