Soy María Dolores Baixauli, Graduada en Lenguas Modernas y Experiencias Vitales. Máster del profesorado de la Universitat de València y de lo que ocurre en la calle. Tengo un restaurante, La Matandeta, que acaba de cumplir treinta años. Mis aficiones son la natación, la curiosidad, el senderismo, la observación, la gastronomía, la conversación y por encima de todo, la literatura y los viajes. Bienvenidos a bordo. Embarquen por la puerta que les parezca más interesante.
sábado, 10 de enero de 2015
¡ESTAMOS A TODA MADRE!
Aparentemente el trabajo en hostelería se acerca a la esclavitud, al menos eso dice el estereotipo. Esclavitud de horarios, esclavitud de festivos y fiestas de guardar y esclavitud y servidumbre debida a la clientela. Sin embargo, a mí me gusta señalarle a la familia la cantidad de gente que hemos conocido sin necesidad de salir de casa. De países y costumbres, de caracteres y condición humana.
Esta semana andamos arriba y abajo con una delegación de profesores de la Escuela Superior de Gastronomía de la Universidad de Ixtlahuaca, cerca de Toluca, capital del Estado de México.
Desde hace ocho años, en La Matandeta y otros restaurantes amigos, recibimos estudiantes en prácticas de dicha universidad, por períodos de tres meses. ¿Qué cómo llegaron a parar a nuestros establecimientos, desde tan remoto lugar? Ahora mismo les explico...
Cuenta la leyenda que a Rafa Pérez, de El Pelegrí de Chiva, en una de sus noches de insomnio y bohemia le dio por navegar en Internet y a las tantas de la madrugada, se cruzó con el mensaje de una profesora de una escuela de gastronomía mexicana que buscaba restaurantes en España donde enviar a sus alumnos a realizar las prácticas y allá que se puso a platicar el intrépido chivano con los mexicanos y dicho y hecho, empezaron a llegar futuros chefs desde América. Rafa Pérez, amigo de los amigos que conseguimos resistirle los encantos y los desmanes, nos propuso formar `parte del proyecto y a La Matandeta llegó Cidlali, que en maya significa Estrella, una tímida jovencita que hospedamos durante los tres meses de verano del 2007.
Ahora, han sido trece de los profesores con que cuenta la escuela gastronómica quienes, contagiados del entusiasmo de los alumnos, decidieron venir a conocernos. A la familia de La Matandeta y a La Pitanza, de Pedralba, El Tinell de Calabuig, de Ontinyent, La Sequieta de Alaquás, Ciro de Valencia, Venere, de Aldaya y al maestro de maestros, Raúl Barruguer, formador del Cdt.
El primer día, nos toca a nosotros llevarlos de excursión a conocer algunas bodegas de Fontanars dels Alforins. Pero la pequeña Toscana valenciana, anda revolucionada. Los catadores del gurú Robert Parker visitan precisamente ese día la zona y a Toni Arráez y Dani Belda, se les nota en el rostro y la voz el nerviosismo. Saben que la opinión del americano acerca de sus caldos se traducirá en número de ventas y puestos de trabajo.
Así que empezamos por la bodega Arráez, donde Alex y Rafa Gálvez nos descubren algunos secretos acerca de los caldos y su elaboración. También nos da tiempo de conocer el Museo Etnológico de la Costera, ubicado en una antigua bodega de La Font de la Figuera.
En el bar La Cova de Fontanars nos espera un suculento arroz al horno, regado con los caldos de la Bodega Belda, aunque Dani no estará porque anda con la inspección de los enviados de Parker. A nuestros invitados mexicanos les entusiasma la sepia a la plancha del aperitivo y comen con gusto el arroz.
Este bellezón se llama Angélica Cruz Monroy y es profesora de Economía, Turismo y Mercadotecnia en Ixtlahuaca, Rafa Gálvez nos hará una cata de aceites en la almácera de Bocairent, Mas Terrers, donde aprenderemos a distinguir una arbequina de una grossal.
El viernes toca curso de arroces en La Matandeta. Rubén Ruiz Vilanova y Raúl Barruguer les mostrarán las diferentes varietales que se cultivan en la zona y la forma de utilizarlas a la hora de hacer una paella a leña, un arroz meloso de la barca, o un puchero valenciano.
Los chefs mexicanos disfrutan con las explicaciones y se atreven con ella. Pero mi amiga Angélica, para horror de sus compañeros, ha traído los ingredientes para prepararme un chile diablero, la más fuerte de las salsas. Y allá que vamos.
Como podrán observar por las fotos, fue un día en el que, en expresión regalo de Angélica, ¡estamos a toda madre!
El lunes, en Pedralba, a partir de las 20 horas, los chefs mexicanos, junto con los chefs anfitriones, prepararán una muestra gastronómica hispanomexicana, a la que todavía tienen ustedes tiempo de apuntarse.
Quién sabe, cualquier mes de estos, les escribo desde la plaza Garibaldi, porque nos han invitado a ir a conocer su país y sus costumbres.
Ya ven, cuánta gente conocemos...
Todo porque una madrugada, al Bandarra de Rafa Pérez, El Pelegrí, harto de tocar el cajón, le dio por navegar en Internet y tropezarse con la gastronomía de México. Para él y su familia, nuestro brindis y agradecimiento.
Los chefs mexicanos disfrutan con las explicaciones y se atreven con ella. Pero mi amiga Angélica, para horror de sus compañeros, ha traído los ingredientes para prepararme un chile diablero, la más fuerte de las salsas. Y allá que vamos.
La lengua unifica a las personas y la cocina también. A las pruebas me remito.
Como podrán observar por las fotos, fue un día en el que, en expresión regalo de Angélica, ¡estamos a toda madre!
El lunes, en Pedralba, a partir de las 20 horas, los chefs mexicanos, junto con los chefs anfitriones, prepararán una muestra gastronómica hispanomexicana, a la que todavía tienen ustedes tiempo de apuntarse.
Quién sabe, cualquier mes de estos, les escribo desde la plaza Garibaldi, porque nos han invitado a ir a conocer su país y sus costumbres.
Ya ven, cuánta gente conocemos...
Todo porque una madrugada, al Bandarra de Rafa Pérez, El Pelegrí, harto de tocar el cajón, le dio por navegar en Internet y tropezarse con la gastronomía de México. Para él y su familia, nuestro brindis y agradecimiento.
viernes, 2 de enero de 2015
PARAÍSOS
Una se acerca al papel en blanco como estrena el año: con moderación y respeto, que restan muchos días y muchas líneas por escribir y piensa en lo último que se llevó de lo anterior: el último atardecer entre viñedos en la periferia de Fontanars dels Alforins, junto al más atractivo de los bodegueros, que no solo navega entre vides y veleros, sino que todavía se atreve a cercar el paraíso y es valiente al anunciar, como quien deja caer un pámpol en la escarcha, que dentro de cinco años se va a vivir a Costa Rica, que para su gusto, se le acabó el relato a este país y a su entender le sobra policía y le faltan sueños.
Me felicito de la vuelta de Cuba de mi amigo Joan, pero él me responde que llegó hace dos días de La Habana, y ya piensa en el regreso. Y lo hará definitivamente, si dentro de cinco años sigue vivo. Porque en el Malecón encontró su pequeño paraíso.
¿Y el tuyo dónde está? Me espeta Rafa Gálvez, sacándome del laberinto de mis telarañas interiores. Volver al mío es imposible. Lo perdí a los ocho años.
Ha sido un domingo de mucho trabajo y nos llevamos a Manuel de paseo. Le propongo la feria de Benetússer, pero su abuelo responde que de ni pequeño le gustaron la feria y el circo.
Para animarlo y no dejarlo con esa decepción que le ha supuesto el gusto de su abuelo, le cuento que el día de Navidad a mí siempre me llevaba mi padre por la mañana a la feria y por la tarde al circo, y que a mí sí que me entusiasman. ¡Qué lástima que no nos conociéramos entonces! Me responde el niño, cargándose en una frase la coordenada del tiempo.
Sí, que lástima que no podamos volver a la infancia, la única patria, el primer paraiso terrenal, el último refugio.
Aunque siempre nos quedarán los relatos.
Sí, será necesario un buen relato para seguir viviendo, para creer que aunque no exista la utopía, en la distopia tampoco se está tan mal. Al fin y al cabo, la utopía pertenece solo a su inventor, la distopía, más democrática, nos incumbe a todos.
Mi propuesta, a falta de paraíso terrenal, es que nos construyamos un buen relato para el año que empieza, una historia que nos acompañe, la metáfora de un camino por el que transitar.
Érase una vez, Hi havia una vegada, Es war eimal, C'era una volta, Mata mua...
Un año, el quince, que acababa de comenzar, una sociedad a la fuga, un tiempo en ruinas y un horizonte desnudo.
Ya saben, a falta de paraíso, creamos en el relato.
Yo me comprometo a ello. Salve y mucha suerte para este año.
Un año, el quince, que acababa de comenzar, una sociedad a la fuga, un tiempo en ruinas y un horizonte desnudo.
Ya saben, a falta de paraíso, creamos en el relato.
Yo me comprometo a ello. Salve y mucha suerte para este año.
jueves, 27 de noviembre de 2014
MARIBEL, VICENT, JULI ESTEVE Y... ELS PERELLONS DE LA VALL.
Juli Esteve es un periodista fraguado en las lides de los que nunca buscaron acomodarse en una plaza fija en los buenos tiempos de Canal y Radio 9. Recuerdo haber hablado muchas veces con él pidiéndole una cámara en sus tiempos de coordinador de informativos en la televisión autonómica y en los míos de informadora institucional. También recuerdo una noche de San Juan en La Matandeta y una mesa reservada para cuatro por Francesc Bayarri. Es este último al que le leí hace poco un buen artículo en el Facebook sobre el excelente reportaje de Esteve Del Montgó a Manhattan, un exhausto y bien trabajado documental sobre los valencianos que emigraron a EE.UU. a principios del siglo XX. Una caterva de analfabetos, jornaleros a media semana y gente que por primera vez salía de su comarca alicantina para buscarse un pedazo de pan sin tener que llepar al senyoret uns quans jornalets.
La verdad es que el tema empezó a interesarme desde que llegaron a La Matandeta José Orts Mut y su novio Joe Zampaio en busca de sus raíces gandienses y a los que ya presenté en mi entrada Esto no es una paella.
Bueno, a lo que vamos, yo tenía muchas ganas de ver el reportaje del Juli y el viernes de hace una semana, así por casualidad, llovía, porque siempre llueve cuando no toca, o cuando menos te lo esperas y me encontré un evento en el Facebook. Hay que pasar muchas horas en soledad, como yo las pasé en Francia, para saber cómo funciona ese trasto del FB y la mucha compañía que te puede hacer cuando estás lejos de los tuyos. El susodicho evento hablaba de la Festa-Fira del Perelló y de que el periodista Esteve presentaba en la Vall d'Ebo su increíble documental. Como las ocasiones las pintan solas, dió la casualidad de que el 22, día de Santa Cecilia, patrona de los músicos, es mi cumpleaños, así que le sugerí a Rafa Gálvez que en lugar de cualquier chorrada por la que siempre acabamos peleados, me regalara un fin de semana en la Vall d'Ebo. ¿Y por qué la Vall, el Barranc de l'Infern? Porque estará allí Juli, que apenas me conoce, y pasa su documental.
Hay varias maneras de entender la vida. Una, importante, consiste en ponerle pegas a todo. La otra, imprescindible, es ver el horizonte resuelto. La segunda es la mía. Busqué en Internet dónde alojarnos y apareció el Hotel Rural del Barranc de l'Infern. Y apereció la voz de Maribel que me habló y me acogió como si lleváramos muchas horas en común de compartir infusiones y mesa camilla.
Y allá que nos fuimos. Vicent vió pasar nuestro coche y debió pensar como el zapatero remendón en La tesis de Nancy, hasta luego... Y luego fue ver al hijo de la Sofía que ya no cumple los ochenta, con la furgoneta llena de capazos de perellons a seis euros los veinte kilos. Y aparecer al día siguiente a Maribel que es como Olivia, la de Popeye y siempre se está riendo. Y que nos contaran sus problemas como si hubieran decidido nombrarnos padres putativos. Y muchas más cosas que una vive por la sencilla razón de que todavía se atreve a vivir. Y vivir implica un montón de riesgos.
El documental de Juli Esteve es un impresionante trabajo que pueden encontrar ustedes en la web de info.tv.
Por favor, no se lo pierdan. Hay dos formas de hacer periodismo, perdón, tres. Periodismo malo, periodismo literario y periodismo de investigación. Juli Esteve es un maestro en este último campo.
¡Ah! Y los perellons son una especie de manzanas, con la piel más dura y màs ácidas y capaces de montar cada estropicio... Pregunten al sr. Gálvez si no.
Nos vemos en el Buida la cambra , llueva o no. Si no es mucha molestia, compartan este evento en su muro del FB, que no se trata de hacernos solo publicidad, sino de comenzar a fomentar un deporte nuevo, el del reciclaje. A las pruebas me remito.
Salve y nos vemos el domingo.
viernes, 21 de noviembre de 2014
EL PH DE MAITE COMINS
Tengo la teoría de que en las distintas etapas de la vida que nos toque atravesar, hay que dejar, al menos, un amigo. Maite Comins es amiga mía desde los tiempos que trabajé en la Generalitat. Nos conocimos a finales de los ochenta en el gabinete de prensa de Presidencia y nos volvimos a encontrar a principios de los noventa en el de Medio Ambiente. Recuerdo a Maite, por aquel entonces como una chica rubita y tímida que una tarde me pidió que la acompañara a El Corte Inglés para que en la sección de cortinajes, me las viera con el encargado a fin de que le cambiaran el tejido con el que pensaba decorar las paredes de su dormitorio. ¿Y por qué no se lo dices tú? Porque tú tienes mayor capacidad de convicción, me contestó.
En aquel gabinete, formado íntegramente por mujeres, se dedicaba bastante tiempo al análisis de noticias y nos sucedió como a Le Clézio en La ronda de noche y otros relatos, que alguna de ellas también nos dio pie a más de una historia que tuvo que ver con niñas chinas arrastradas por el viento. Pero Maite me ha pedido que lo deje para otra ocasión, así que seré muy críptica.
Lo bien cierto es que formamos un buen equipo de trabajo, pero llegó un momento en que mis circunstancias personales se impusieron, así que pedí una excedencia en la función pública, colgué el traje chaqueta, me bajé de los tacones y me puse el delantal. Y pasé de convocar ruedas de prensa , de asistir a certámenes y congresos y a interesantes conversaciones sobre lo divino y lo humano con lo más granado de la beautiful de Valencia, a vérmelas con calamares y cebollas y a enfrascarme en la influencia de las fases de la luna sobre las cosechas con Simón, el gitano que me traía los caracoles. Sin embargo, mi amistad con Maite Comins ha seguido a través de los años. No hace falta que nos veamos muy a menudo para saber quiénes son los nuestros, los que nos aprecian y siguen a nuestro lado. Maite ha celebrado sus fiestas familiares en La Matandeta, ya fueran las comuniones de sus hijos, una comida con amigos o los encuentros con sus familiares.
Pues sucedió, hace ya ocho primaveras, que Maite me convocó cerca del mercado del Cabañal, un jueves del mes de junio para contarme que fraguaba la idea de celebrar el cincuenta cumpleaños de su marido, Cristóbal Paus, con un fiesta sorpresa en La Matandeta. Me dió la fecha: a principios de agosto, un sábado para mí y un jueves para ella. Acto seguido y durante el tiempo que transcurrió hasta la fiesta, no hicimos más que discutir, como dos buenas amigas que somos, sobre el precio, el menú y las circunstancias del ágape. Maite regateaba y yo fajaba sus embestidas: Que si para una cena no tengo presupuesto. Pues si no tenéis vosotros, la clase media, ya me dirás que tendrán los parias de la tierra. Que si no son tiempos para derroches, que no te quejes, que te conozco,. Que a ver si me haces un descuento, que somos cada vez más l en la fiesta sorpresa. Que para descuentos estamos con precios tan ajustados... Y así, hasta que llegó el mes de agosto.
Una tarde de esas bascosas, yo andaba por la terraza con el amigo Joan Ribera que me tranquilizaba ante mi próxima estancia de un año en Francia.
Pero yo no las tenía todas conmigo. Era una tarde, ya lo he dicho, bascosa, Helena no se encontraba bien. Ha llamado Maite que dice que vendrá dentro de una hora con sus padres y sus hijos para ensayar lo del cumpleaños.
Pero cómo se le ocurre a Maite Comins ensayar una semana antes. Acabábamos de cerrar el servicio del mediodía y se imponía una siesta veraniega, cuando llegó Maite Comins enfrascada en un Pedro del Hierro, toda hermosa y etérea.
- Pues si te has puesto así para el ensayo, ¿cómo vendrás el día de la fiesta?
- Qué ensayo, María Dolors, la fiesta es dentro de una hora.
- La fiesta es el sábado, Maite.
- Es una broma, ¿verdad, Dolors?
- No es ninguna broma, Comins, está todo preparado para el sábado.
Allí estábamos, Maite, esplendorosa y cada vez más blanca con su Pedro del Hierro, rubia y atractiva. Y yo con un blusón de los chinos y los pies llenos de fango porque estaba regando el jardín. Que si era el sábado o dentro de una hora, la fiesta sorpresa del sr. Paus convocada por su cincuenta aniversario.
El padre de Maite, que en paz descanse, se sentó en el sillón y suspiró como diciendo, a ver cómo acaban estas dos.
- Y ahora qué hacemos, musitó Maite.
-Pues qué vamos a hacer, ¡correr, correr, correr!
Rafa Gálvez dormitaba en el balcón, Rubén estaba en el huerto y Helena en la cama. Todo el mundo a sus posiciones. Las patatas casi que se pelaron solas, mientras en el aire un tenedor batía los huevos. Las ensaladeras se rellenaron casi, casi que a la velocidad de la luz, los bocadillos se calentaron a ritmo de corneta y las mesas se montaron entre Helena y todos los Paus-Comins.
Si algo hay en un restaurante es comida. Lo demás lo sudamos aquella tarde, por mi despiste, a base de bien.
Vale que fuera una vez al instituto con dos zapatos diferentes. Vale que aparcara un coche en El Saler y pensara durante dos meses que me lo habían robado, hasta que apareció, milagrosamente, en el mismo lugar que yo había olvidado. Vale que a una madre de comunión le pusiera pato en lugar de cordero en el menú. Pero esta vez, la cosa se había pasado de castaño oscuro.
Pues sucedió, hace ya ocho primaveras, que Maite me convocó cerca del mercado del Cabañal, un jueves del mes de junio para contarme que fraguaba la idea de celebrar el cincuenta cumpleaños de su marido, Cristóbal Paus, con un fiesta sorpresa en La Matandeta. Me dió la fecha: a principios de agosto, un sábado para mí y un jueves para ella. Acto seguido y durante el tiempo que transcurrió hasta la fiesta, no hicimos más que discutir, como dos buenas amigas que somos, sobre el precio, el menú y las circunstancias del ágape. Maite regateaba y yo fajaba sus embestidas: Que si para una cena no tengo presupuesto. Pues si no tenéis vosotros, la clase media, ya me dirás que tendrán los parias de la tierra. Que si no son tiempos para derroches, que no te quejes, que te conozco,. Que a ver si me haces un descuento, que somos cada vez más l en la fiesta sorpresa. Que para descuentos estamos con precios tan ajustados... Y así, hasta que llegó el mes de agosto.
Una tarde de esas bascosas, yo andaba por la terraza con el amigo Joan Ribera que me tranquilizaba ante mi próxima estancia de un año en Francia.
Pero yo no las tenía todas conmigo. Era una tarde, ya lo he dicho, bascosa, Helena no se encontraba bien. Ha llamado Maite que dice que vendrá dentro de una hora con sus padres y sus hijos para ensayar lo del cumpleaños.
Pero cómo se le ocurre a Maite Comins ensayar una semana antes. Acabábamos de cerrar el servicio del mediodía y se imponía una siesta veraniega, cuando llegó Maite Comins enfrascada en un Pedro del Hierro, toda hermosa y etérea.
- Pues si te has puesto así para el ensayo, ¿cómo vendrás el día de la fiesta?
- Qué ensayo, María Dolors, la fiesta es dentro de una hora.
- La fiesta es el sábado, Maite.
- Es una broma, ¿verdad, Dolors?
- No es ninguna broma, Comins, está todo preparado para el sábado.
Allí estábamos, Maite, esplendorosa y cada vez más blanca con su Pedro del Hierro, rubia y atractiva. Y yo con un blusón de los chinos y los pies llenos de fango porque estaba regando el jardín. Que si era el sábado o dentro de una hora, la fiesta sorpresa del sr. Paus convocada por su cincuenta aniversario.
El padre de Maite, que en paz descanse, se sentó en el sillón y suspiró como diciendo, a ver cómo acaban estas dos.
- Y ahora qué hacemos, musitó Maite.
-Pues qué vamos a hacer, ¡correr, correr, correr!
Rafa Gálvez dormitaba en el balcón, Rubén estaba en el huerto y Helena en la cama. Todo el mundo a sus posiciones. Las patatas casi que se pelaron solas, mientras en el aire un tenedor batía los huevos. Las ensaladeras se rellenaron casi, casi que a la velocidad de la luz, los bocadillos se calentaron a ritmo de corneta y las mesas se montaron entre Helena y todos los Paus-Comins.
Si algo hay en un restaurante es comida. Lo demás lo sudamos aquella tarde, por mi despiste, a base de bien.
Vale que fuera una vez al instituto con dos zapatos diferentes. Vale que aparcara un coche en El Saler y pensara durante dos meses que me lo habían robado, hasta que apareció, milagrosamente, en el mismo lugar que yo había olvidado. Vale que a una madre de comunión le pusiera pato en lugar de cordero en el menú. Pero esta vez, la cosa se había pasado de castaño oscuro.
Mi amiga Maite, mi compañera de fatigas en tantas cosas. Al amigo Ribera, que todavía andaba por el jardín, lo enviamos a por cervezas. porque el barril se había terminado y hasta el día siguiente no llegaba el camión. Trajo las provisiones, cogió a Manuel y a su hijo y nos espetó Yo me voy con los niños. Aquí estáis todos locos. A medida que llegaban los cincuenta invitados, Maite les iba informando de las circunstancias de lo ocurrido. Supongo que curándose en salud, de lo que pudiera salir de aquella cocina. A la hora convenida, llegó el homenajeado, que no sabía ni de la misa, ni de su mitad. Cristóbal Paus, que es jefe de Recursos Humanos del Grupo Godó, después de los brindis y del relato de esta mi gloriosa hazaña de despiste universal, ante el improvisado y suculento ágape dijo que allí no habían habido recursos humanos, sino humanos con recursos. En fin, que la fiesta se prolongó hasta altas horas de la madrugada y mi amiga Maite Comins no ha dejado por ello de ser mi amiga. Eso sí, cuando hace alguna reserva siempre me puntualiza: Pero apunta bien el día , ¿eh?
Vamos que si se enteran ustedes de algún concurso de despistados, apúntenme, que hay premio asegurado.
Salve y ustedes tengan una feliz semana.
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